21 de marzo de 2019

CRITICA General a la obra de Jorge E Pardo

Críticas a la obra de Jorge Eliécer Pardo






Críticas a la obra de Jorge Eliécer Pardo








CRÍTICA
Novelas:

Maritza la Fugitiva
Edición del Premio Internacional de Novela José Eustasio Rivera, 2018.
VER. Maritza la Fugitiva: minimalismo y postmodernidad.
Guillermo Gavilán.
El lector toma en sus manos el aparato de control remoto que le ofrece el escritor y que a primera vista parece un libro, con un título a la vez cinematográfico y proustiano: Maritza la Fugitiva”.


Ver. Maritza la Fugitiva y la quimera del destino.
Mario Catelli.
“No sé si llegaré a saber algún día si nacemos librados a nuestra suerte, a nuestra pura suerte, o si por el contrario el destino nos tiene dispuestas unas cartas que tarde o temprano saldrán tal y como él dispone. Tampoco si hay un terreno intermedio en el que podemos dar algún mínimo golpe de timón que llegue al menos a añadir una curva más en el camino, un giro que de validez a Shakespeare cuando afirma: El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que las jugamos”.


VER. Federico Bernal y su círculo femenino,en Maritza la Fugitiva.
“El cierre de la saga del quinteto de la frágil memoria
Dado que Maritza la Fugitiva es la novela que culmina la saga de Jorge Eliécer Pardo titulada El quinteto de la frágil memoria, conformada además por El pianista que llegó de Hamburgo, La baronesa del circo Atayde, Trashumantes de la guerra perdida y La última tarde del caudillo, antes de iniciar el desarrollo de este ensayo sobre “Federico Bernal y su círculo femenino en Maritza la Fugitiva”, es pertinente exponer algunas observaciones sobre el conjunto de las cinco obras en cuanto a la visión del autor acerca de la realidad y la composición o estructuración novelesca del mundo de sus personajes dentro de los contextos histórico-temporales y de su entorno familiar e individual, así como las funciones sobresalientes del lenguaje en las novelas”.






La última tarde del caudillo






Ver. Matilde:oralidad, memoria y dualidad en la última tarde del caudillo. Eugenia Muñoz.

Jorge Eliécer Pardo maneja, en la construcción de su novelística, diversidad de patrones estructurales. En el nivel narrativo una o más voces de los personajes, intercaladas con la del omnisciente, van desarrollando el devenir del mundo novelesco con historias de otros personajes. En el argumento uno o más personajes toman importancia protagónica como la del personaje principal”.

VER“La última tarde del caudillo, O la recuperación de la memoria”. 
Berta Lucía Estrada.
"La estructura novelesca remite al lector a dos obras clásicas del siglo XX, Ulises de James Joyce y a La señora Dalloway de Virginia Woolf, que dieron inicio a una revolución narrativa sin precedentes, verdadera ruptura literaria que no había sido vislumbrada antes. Llamo la atención que las dos novelas transcurren en un solo día; así la vida de los personajes desfilen durante esas veinticuatro horas que comprenden la narración". 

VER. La última tarde del caudillo: Del amor y la guerra.
“En la historia de la literatura sobre el conflicto armado en Colombia, no son pocos los libros que se enmarcan en el crimen cometido contra el líder popular liberal Jorge Eliécer Gaitán. Igualmente, tampoco son escasas las novelas publicadas a lo largo de setenta años desde el momento en el que cambió en forma radical la historia política y social del país. Muchas de estas novelas fueron escritas bajo el influjo de los acontecimientos, cuando aún los hechos no habían sido analizados a la luz de las disciplinas sociales, y sus narradores tomaron partido bajo la militancia”.


Trashumantes de la guerra perdida

VER. Una lectura desde la experiencia. Yamel López sobre Trashumantes de la guerra perdida. Trashumantes de la guerra perdida: La novela de la guerra.
"Esperé más de seis décadas para que algún consueta avezado me recordara, en un lenguaje poético, con valentía y sin ambages, aquellos hechos siniestros y absolutamente veraces como lo atestigua el trashumar de mi propia vida tan ligada al devenir de Jorge Eliécer Pardo.
Su narración está lejana del lenguaje de la pornografía sobre la violencia a la que nos tienen acostumbrados tanto malos periodistas como algunos medios audiovisuales oficiales".


VER. Mujeres y pérdidas en  Trashumantes de la guerra perdida. Eugenia Muñoz.
“Del grupo de mujeres que aparecen en la novela Trashumantes de la guerra perdida, de Jorge Eliécer Pardo, se destacan aquellas cuyas pérdidas personales inciden en la vida relacionada con  el clan Guzmán: Tulita, Belén, Carlota, Hortensia, Dioselina y Amparo. Las guerras políticas, las falsas expectativas o quimeras irrealizables, los conceptos distorsionados del amor al hombre y a la madre, y la imposibilidad de construir relaciones sentimentales estables, son algunas de las causas que determinan estas pérdidas. En otras palabras, mujeres que no tienen la oportunidad de vivir plenas o al menos realizadas en aquello que es vital para sus vidas”.



VER“Trashumantes de la guerra perdida”: Una genealogía para revivir la amnesia de un siglo. Poeta Jorge Torres.
"El libro se iba deslizando hoja por hoja y, cada uno de sus cortos capítulos, dibujaba desde su primera frase: No los persiguen, sólo huyen de la guerra y sus horrores. No cargan los huesos de sus muertos porque quieren borrar las cicatrices de los odios, la historia de una guerra. Continué en mi lectura el viaje por un siglo donde mi imaginario me fue transformando en uno más de los Trashumantes de la guerra perdida; me sumergí en el árbol genealógico que desde sus raíces hasta su fronda lleva la savia de nuestra historia".

VER. “Los trashumantes de la guerra perdida: recuperar la vida para que las criaturas bajen mansamente a la tierra del recuerdo”. Luis Carlos Muñoz Sarmiento.
"Este ensayo se propone abordar ciertos asuntos inusuales en la novela colombiana actual, contemporánea, no la que vuelve sobre el conteo de muertos ni le interesa la sangre o el horror sino la que ha superado la estética de la violencia visceral, para además ocuparse de la reflexión sobre el porqué de dicha violencia y, más allá, sobre los porqués de la guerra, una guerra apoyada y financiada desde el exterior; si bien Trashumancia continúa la saga a manera de crónica histórica, a la vez que cuenta la historia desde los vencidos, aquí lo hace al estilo de la novela polifónica; permite notar que de cara a la historia, de acuerdo con Nietzsche: “No hay hechos, sólo interpretaciones”.

La baronesa del circo Atayde
En la feria del libro de Bogotá. Stand de Cangrejo Editores

VER. “El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del circo Atayde”. 
Berta Lucía Estrada.
"Y si alguien sabe de lo que hablo es precisamente Jorge Eliécer Pardo. Su obra desentraña más de cien años de la historia reciente de Europa y de Colombia. Es un viaje en el que el pasado se hace contemporáneo del lector. Una soberbia lección de historia. Sobre todo en un país donde la hemos vilipendiado y convertido en el trapo con el que limpiamos la basura que no queremos que vean los vecinos".

VER. “La baronesa del Circo Atayde y la obsesión del amor en tiempos difíciles”. 
Luz Mary Giraldo.
"Si en El jardín de las Weisman y en El pianista que llegó de Hamburgo entran en juego la Violencia de medio siglo en Colombia y la segunda Guerra Mundial europea, en La baronesa del Circo Atayde se muestra al país en constante crisis, al trazar un itinerario presentado a veces de manera intermitente del siglo XIX hasta la década de los setenta del siglo XX. Y como estado de zozobra permanente, las cinco partes, los 32 relatos y las fotografías de mujeres que estructuran Los velos de la memoria, corresponden a situaciones interiores, a radiografías del alma, como resultado de hechos truculentos que han marcado la historia de nuestro país desde 1782 hasta 2014".

VER. “La baronesa del circo Atayde O la recuperación de la historia”. Sonia 
Nadezhda Truque.
"La Preocupación esencial de Jorge Eliécer Pardo como autor es la recuperación de la historia. Desde su primera novela El jardín de las Weissman y El pianista que llegó de Hamburgo donde sus personajes alemanes huyen de la guerra en Europa y llegan a Colombia, están abocados a vivir y sufrir las contingencias del momento histórico nacional. En Irene el trasfondo histórico abarca la violencia entre 1946 a 1958 en la ciudad donde habitan seres solitarios, incomunicados, de amores contrariados pero al fin y al cabo testigos de la disputa social. En Seis hombres una mujer plantea el asunto de la claudicación de ideales políticos y literarios por asumir una vida de conveniencia y allí también aparece la mujer libertara, que no claudica y prefiere huir del amor. En Los velos de la memoria, las mujeres, niños y hombres hablan de cómo fueron sus muertes y muestran el país sumido en la desesperanza".

VER. “La baronesa del circo Atayde entre la desesperanza y el amor”. 
Emma Bohórquez.
"La Baronesa vuela constantemente, huye de su familia, de la madre asesina, del domador dueño, de Carlos Arturo, del circo, o quizás del destino que sin lugar a dudas, jamás logra atraparla. Su carácter errátil se desglosa a lo largo de la novela como si ella se encontrara más allá del tiempo, del amor y de la misma historia que se entreteje en las calles bogotanas, desde los recuerdos y las vivencias de Carlos A. y su padre, Saúl Aguirre".

VER. La baronesa del circo Atayde: Mito de Pigmalión. 
Eugenia Muñoz.
"Vale anotar que hay una intratextualidad o autorreferencia entre las historias de amor de los personajes, Carlos Arturo con María Rebeca, de La Baronesa del circo Atayde y Hendrik con Matilde, de El pianista que llegó de Hamburgo, en cuanto a las dos son historias de amor inicialmente logrado y pleno para después perderse sin remedio por la abrupta desaparición y separación, quedando Carlos Arturo y Hendrik presas del sufrimiento que los lleva a la degradación personal y síquica. Las dos novelas pertenecen al gran fresco que el autor ha llamado El quinteto de la frágil memoria".

VER. La baronesa del circo Atayde. Historia Oficial. 
Eugenia Muñoz.

VER. “La baronesa del circo Atayde: tras las huellas”.  
Cecilia Caicedo Jurado.
"Bella metáfora es la propuesta ideada por Jorge Eliécer, cuando su amante, que será además su verdadero amor, su encuentro con el vital femenino, el padre de sus dos hijas, también mujeres que admiran y quieren a su madre, aunque la nota dominante no es la de la madre entregada sino ausente. La metáfora alude al arte; Carlos Arturo Aguirre que será el compañero sentimental, con todo el rigor de lo que significa la frase anterior, es tallador y el oficio lo había heredado de su padre Saúl Aguirre, artesano que no sólo le hereda el oficio sino la militancia en todas las órdenes posibles que iban en contravía de lo establecido durante el siglo XIX y los inicios del XX".

VER. “La baronesa del circo Atayde: O la voz del silencio que se levanta cada vez más fuerte”. Luis Carlos Muñoz Sarmiento.
"En los 47 capítulos, cada uno de ellos breve, Pardo expone la historia de un país que, desde la perspectiva y sobre todo el accionar de sus dirigentes, no ha sido justa ni sensata con las clases menos favorecidas ni con las disidentes, antagonistas u opuestas a sus (malos) designios, salvo, eso sí, con las clases pudientes, poderosas, privilegiadas".

VER. “La baronesa del circo Atayde”. 
Carlos O Pardo.
"La baronesa, María Rebeca, personificación de mujer libertaria, como María Cano, con quien deambula por regiones del país, sin pasado, sin futuro, con un presente de lealtad mientras la tragedia, el fuego y el abandono, cubren sus vidas".

El pianista que llegó de Hamburgo
Edición Cangrejo Editores

VER. El pianista que llegó de Hamburgo:las tragedias de la historia y la música como redención.
Luz Mary Giraldo
“Años después de conocer las travesías de las Weismann por Europa, antes de llegar a algún rincón de esta América, seguimos los trayectos de Hendrik Joachim Pfalzgraf, quien, como ellas, llega a Colombia huyendo de la Segunda Guerra Mundial y se encuentra con el estallido de la Violencia partidista”.


Ver: El pianista que llegó de Hamburgo: Determinismo, ironía e intertextualidad en un destino trágico. Eugenia Muñoz.
Jorge Eliécer Pardo en la novela El pianista que llegó de Hamburgo, ha creado su obra maestra. Es un trabajo de una gran envergadura literaria que contiene no solo diversidad de temáticas novelescas, técnicas y estructuras literarias desarrolladas paralelamente entre la no ficción y la ficción”. 

VER. El Pianista que llegó de Hamburgo.
Álvaro Pineda-Botero.
"El Pianista que llegó de Hamburgo es una novela fascinante. Está escrita con erudición, sentimiento y madurez. La madurez se manifiesta no solo en el estilo literario sino en la forma de comprender y explicar la Historia. Es decir, la historia con mayúscula de Europa y América, y la historia

con minúscula de la familia y las relaciones personales".

VER. El pianista que llegó de Hamburgo
Caicedo de Cajigas.
"No es una novela de amor o desamor, este sentimiento relacionante de importancia en esta obra, funciona solo como intermediario para mostrar dos niveles: guerra-música. Los dos niveles de la historia suscitan a su turno la relación sémica: huída-refugio. Que en el sustrato narrativo se expresan como:  miedo-satisfacción".
  
VER. El pianista que llegó de Hamburgo 
Benhur Sánchez Suárez.
"... pienso que El pianista que llegó de Hamburgo” no es una novela de la guerra sino, más bien, una compleja y trágica historia de amor.Me explico. La guerra mundial y la guerra en Colombia son telón de fondo frente al cual transcurre el periplo de Hendrik Paltzgraf entre Alemania, Colombia y luego en la amplia geografía nacional".

VER. El pianista que llegó de Hamburgo 
Fabio Martínez.
"El destino de Hendrik estará marcado por un hilo negro e invisible, que no cesa desde su partida de Alemania hasta cuando llega a un país suramericano marcado, así mismo, por el signo de la muerte. Hendrik es un artista romántico que desea un mundo mejor para poder servirle a la humanidad, pero el destino, que es fatum de la historia, lo sumerge y lo ancla en un mundo donde la violencia y la muerte están a la orden del día".

VER. El pianista que llegó de Hamburgo: Los viajes presentidos. Primera parte. 
Jesús María Stapper.
"El pianista que llegó de Hamburgo en una novela expresiva de incansable viaje, narradora de bellezas tristes, armadora de albas y tinieblas, determinante en sus búsquedas, consecuente con los caminos, fiel a sus hallazgos, certera en sus descripciones, minuciosa en sus cantos, leal con la Historia… y con sus historias, profusa de sentimientos, repleta de añoranzas, magnánima en su legado, con un status literario cimentado de bondad y equilibrio, es sin duda, una de las grandes obras de la literatura hispanoamericana".

VER. El pianista que llegó de Hamburgo. Segunda parte de Los viajes presentidos. 
Jesús María Stapper.

VER. El pianista que llegó de Hamburgo 
Antonina del Sol.
"En letras sonoras me dejo incluir en la historia del mundo, esa heredada, no vivida, que como espejo me repite la realidad no escarmentada, y que por vagos instantes me hace reconocer como parte de ella, en el deber de recordar y calificar sus tenues acontecimientos y sus excesos, resaltando la valentía de los ideales que nunca serán vanos, aunque como las ilusiones tempranas están signadas a perder su inicial color, quizá justifiquen en cambio, la vida de los hombres".

VER. Jóvenes lectores de El pianista que llegó de Hamburgo. Alejandra Ramírez V.”Un viaje a través del simbolismo literario y el cambio de la voz narrativa”. 
Alejandra Ramírez Valbuena.
"Como síntesis, El pianista que llegó de Hamburgo es una obra cuyo valor radica en la capacidad de evidenciar, por medio del contraste entre la realidad y la fantasía en la narración polifónica, el dolor de la guerra y la forma en que la soledad y el desplazamiento borran paulatinamente la identidad de las personas que la sufren".


Seis hombres una mujer
Edición española


VER. Seis hombres una mujer:la revolución perdida 
Eugenia Muñoz.
En Seis hombres una mujer, Jorge Eliécer Pardo expresa la conciencia crítica que refleja la realidad de una “revolución perdida”: de sus participantes, unos murieron luchando, o desaparecieron sin rastro alguno, otros se rindieron consumiéndose en el “falso poder” y, otros —según esta novela— constituyeron la peor respuesta a los ideales revolucionarios de su generación, fueron débiles para participar activamente y terminaron por vender su vida, sus aspiraciones y sus motivaciones íntimas más genuinas, al servicio de la burocracia y al sistema político contra el cual luchaban las clases menos favorecidas, los universitarios, los intelectuales, literatos y libre pensadores”.


VER. Seis hombres una mujer: Un existencialista irreconciliable”
William Geovany Rodríguez Gutiérrez.
"Jerónimo Santos -personaje principal de la obra en mención-, ya que en últimas es lo que determina su personalidad.
Éste personaje en la narrativa colombiana es sin duda uno de los más conflictivos en el plano psicológico, así como lo han sido en la narrativa universal, los hermanos Karamazov, personajes que estructura en su narrativa Fiódor Mijáilovich Dostoievski e Iván Illich, personaje principal que da vida a uno de los libros de León Tolstoi".

VER. Seis hombres una mujer O la metáfora del desamparo.
Berta Lucía estrada.
“Jerónimo Santos, el personaje central de Seis hombres una mujer, es un derrotado de la vida, náufrago de la existencia. Un hombre atormentado hasta lo indecible que navega, más bien naufraga, por los mares ignotos de la desesperanza, del olvido, de la añoranza, de la morriña. Viaja en pos de una quimera, en pos de una mujer que solo existe en su memoria obnubilada y enfermiza; él la crea y él la destruye, él la posee y a través de él la poseen sus amigos que comparten también su ebriedad”.


Irene
Edición española.
VER. Seis hombres una mujer:la revolución perdida, Eugenia Muñoz.
En Seis hombres una mujer, Jorge Eliécer Pardo expresa la conciencia crítica que refleja la realidad de una “revolución perdida”: de sus participantes, unos murieron luchando, o desaparecieron sin rastro alguno, otros se rindieron consumiéndose en el “falso poder” y, otros —según esta novela— constituyeron la peor respuesta a los ideales revolucionarios de su generación, fueron débiles para participar activamente y terminaron por vender su vida, sus aspiraciones y sus motivaciones íntimas más genuinas, al servicio de la burocracia y al sistema político contra el cual luchaban las clases menos favorecidas, los universitarios, los intelectuales, literatos y libre pensadores”.

VER. Notas y comentarios. 
René González. Fidel Villanova. Carmen Martín. Rafel Mejía. Alberto Fergusson.  María Elvia Bello  Lilia Emma Martínez  Miguel Humberto Herrera. Ollie O. Oviedo. Mary Fanelli Ayala. Myriam Bautista. Ana María Azcárate. 
Jorge Eliécer Pardo  Introducción a la 7ª edición Maestros contemporáneos, 2014.


VER. La abuela como repetidora de una hegemonía patriarcal en Irene
Jackeline Pachón Orozco.
“La mujer con cualquier edad, como partícipe de una sociedad, y como una de las protagonistas de la literatura en todos los tiempos, tiene en la particularidad de la abuela, por razones de un tiempo y un espacio que le dejan su carga cultural y su tradición, una realidad mesurable, conocida y visible, pero sobre todo una que atañe a la realidad invisible, fugitiva, desconocida, caótica y marginada, engañosa y hasta desleal”.


VER. El mundo poético en El Jardín de las Weismann  e Irene de Jorge Eliécer Pardo. Jackeline Pachón O.
“Examinando el mundo poético de las obras de Jorge Eliécer Pardo, nos encontramos con que la poeticidad pertenece tanto al mundo como al texto y al modelo construído por Pardo en sus obras. Muestra cómo la palabra es capaz de pasar las cosas mediante la poeticidad. En las obras de Pardo, se advierte una transgresión del manejo tradicional de lenguaje hacia el logro de un lenguaje poético, que es, al decir de Cohen “una manera de violar el código de la lengua usual”. Según Cohen esa desviación es lo que permite la creación poética. En últimas, Cohen llama poeticidad “a lo que hace de una obra dada una obra poética”.


El Jardín de las Weismann
Aspectos del lanzamiento de la edición crítica, Universidad del Tolima

VER. “La pasión de las Wiesmann” 
José Martínez Sánchez
"Pertenece a ese escaso grupo de novelas que, hacia la década de los años setentas, abordaron el conflicto social de manera distinta a la exploración estética de la novela de violencia, adscrita a un realismo testimonial desplazado en la actualidad por el periodismo investigativo. Esa tendencia reportaba la preocupación cierta del escritor por los conflictos internos en el campo y la ciudad, descubría regiones inéditas de nuestra geografía y ahondaba en la tragedia personal y colectiva durante los años previos al Frente Nacional. Ese realismo responde al interés editorial aun en el presente, paradójicamente cerrado a la evolución histórica y de contenidos en géneros como la poesía y la narrativa".

VER. El Jardín de las Weismann, una lectura de hoy. 
Patricia Suárez.
"Nos introduce a lo múltiple, obliga a la razón y a la imaginación a transitar por los caminos del saber y la creación, deja urgencias de respuesta, lleva a la reflexión y no da tregua a la herida que supura en la constante traición a la vida".


Ver: Una visión de El jardín de las Weismann
Isaías Peña Gutiérrez
Leída treinta años después de publicada, la novela El jardín de las Weismann, del colombiano Jorge Eliécer Pardo, sigue oliendo a dalias y crisantemos, a rosas y geranios, a cartuchos y gardenias; resuenan en ella tenebrosos conjuros, y mantiene, sin dudas, las cenizas vivas.

Cecilia Caicedo: El Jardín de las Weismann, una propuesta de resistencia política.
"Las relecturas de los textos tienen como función confirmarnos o alejarnos inexorablemente de ellos. Sin embargo para emprender una segunda lectura se  precisa de un interrogante: ¿por qué volver a un texto ya conocido? Y en ello ya hay una elección de gusto".

Carlos Orlando Pardo: Historia secreta de El Jardín de las Weismann
"Mucho más acá de las novelas se encuentra casi siempre una historia secreta que contribuye a explicar de una mejor manera las raíces de un libro. Ese pequeño itinerario de cómo fue elaborándose un texto y las aventuras y desventuras de su camino seguramente no pasarán más que a la anécdota, pero prefigura en muchos casos un ejemplo sobre el oficio de escribir".

Luz Mary Giraldo: El Jardín de las Weismann: treinta años después.
"El jardín de las Weismann, treinta años después de su primera edición sigue siendo fresca y está a tono con preocupaciones actuales".

Fabio Martínez: El Jardín de las Weismann o el infierno de la violencia.
"En la novela de J. E. Pardo las metáforas del paraíso y el infierno funcionan a la perfección como un mecanismo de diástole y sístole. Las hermanas Weismann, que son católicas, huyen del infierno de la Alemania nazi buscando el paraíso; pero al llegar a éste, se encuentran con el infierno de la violencia colombiana de los años cincuenta".

José Luis Díaz-Granados: El paraíso perdido de las Weismann
"Con El jardín de las Weismann, Jorge Eliécer Pardo logra componer con buena fortuna la novela colombiana más representativa de su tiempo, una auténtica historia coral donde se expresa a cabalidad la conciencia colectiva de aquellos años, utilizando las metáforas del jardín multifloral en medio de la más feroz de las contiendas fratricidas".

Benhur Sánchez Suárez: Un Jardín que se mantiene florecido.
"Son muchas las causas por las cuales uno relee una obra. Principalmente por el impacto que representó su primer descubrimiento y la curiosidad interior de volver a vivir esa sensación descubridora".

Leonardo Mora: Jorge Eliécer Pardo y El jardín de las Weismann: Una poética insobornable en el final de los tiempos
"El jardín de las Weismann, novela de lenguaje indócil y de extraña materia como la que componen los sueños, podrá sentir que es discutible el carácter de veracidad de sus ciento cuatro páginas —lo que en últimas carece de importancia— pero no el de la belleza que arrebata y seduce como el erotismo de las de las hermosas protagonistas".

Libardo Vargas Celemín: Las Weismann: un jardín de símbolos.
"Tres décadas después El jardín de las Weismann va de anaquel en anaquel y de mano en mano atrapando lectores y el sargento Peñaranda dejando escuchar el chasquido de sus botas sobre la historia de la literatura colombiana".

Diógenes Díaz Carabalí: El jardín de las Weismann de Jorge Eliécer Pardo.
"Las Weismann... nos involucra por un escenario común, también porque habla nuestro lenguaje: su historia como libro, hijo de estos vientos, permite recordarnos que estamos sobreviviendo en la locura de la guerra y del amor sin prejuicios de moral y de ética; de la locura que nos mencionan pero huimos, de las piedras debajo del colchón pero disfrutamos la suavidad de la espuma aunque se pelen nuestros lomos".

Jorge Guebely: Rebelión de las Weismann.
"La literatura nos desvela de nuevo, a través de El jardín de las Weismann, el conflicto existencial de la especie contra la extravagancia del poder militar. Nos muestra cómo la guerra, que es pobre y bestial, ha destruido el crecimiento humano de los hombres".


Patricia Suárez: El jardín de las Weismann, una lectura de hoy.
"Jorge Eliécer Pardo, eterniza, en conjunción copulativa de peligro y deseo, una realidad objetiva y reconocible. Afán y deseo, intento de totalidad en el afecto, en salvaguardar la manada; pulsión de la especie…(sigue)".

Emma Yurley Bohórquez Bonilla: El Jardín de las Weismann como novela de violencia.
"Con un trabajo sobre la novela El jardín de las Weismann. Examen en el que, de 21 años, alcanzó un puntaje de 126,5 ubicándose en el octavo mejor promedio de Colombia, superando a estudiantes de otras importantes instituciones de educación superior, entre las que se encuentran la UIS, la Universidad del Cauca, Sur Colombiana y la Tecnológica de Pereira.
Actualmente, esta joven está terminando su proyecto de grado, que consiste en identificar los rasgos de la modernidad literaria en la novela "El jardín de las Wesmann", del escritor tolimense Jorge Eliécer Pardo. Investigación a la que ha dedicado más de seis meses, y con la que espera recibir su título de licenciada en lengua castellana a finales de este año".
El Jardín de las Weismann como novela de violencia: Emma Bohórquez Bonilla aquí fragmento de su tesis.

Omar Gonzáles: La escritura en El jardín de las Weismann.
"Jorge Eliécer Pardo consigue con su narrativa el equilibrio necesario para que la novela transcurra con moderación y acentúe su propuesta, y lo consigue empleando el carácter contradictorio de la modernidad al vincular dos discursos que se contraponen pero que en últimas se complementan para dar un sentido profundo e ideológicamente fundamentado sobre la violencia Colombiana…(sigue)".

José Martínez Sánchez: La pasión de las Wiesmann
“El jardín de las Weismann” pertenece a ese escaso grupo de novelas que, hacia la década de los años setentas, abordaron el conflicto social de manera distinta a la exploración estética de la novela de violencia, adscrita a un realismo testimonial desplazado en la actualidad por el periodismo investigativo.

1984. Eugenia Muñoz: El jardín de las Weismann: rebelión paródica del jardín bíblico.
"En El jardín las mujeres que desempeñan el papel protagónico, son dos generaciones de mujeres extranjeras: las señoritas Weismann. Todas ellas que parecen una misma imagen mítica, bien podrían representar una inversión paródica de la historia bíblica del Edén o paraíso terrenal".

1981: María Victoria Reyzábal: La ternura como venganza contra la venganza.
"En conclusión, se trata de una pequeña gran novela, en la que por debajo de la denuncia, sosteniéndola, dándole fundamento, está el oficio de escritor, que se siente como actividad lúdica, como juego en que la fantasía dispone los caminos de una creatividad que tiende a desarrollarse en todas sus posibilidades, y reta al lector".

Fernando Ayala Poveda: Jorge Eliécer Pardo: Los desencuentros del amor o la violencia se muerde por dentro.
"Con una profunda conciencia de la historia, con un profesionalismo y una clara concepción del arte de narrar, Jorge Eliécer Pardo trasforma las conquistas que realizaron los narradores de la Violencia como son Eduardo Caballero Calderón, Manuel Mejía Vallejo y Álvaro Cepeda Samudio".

Jacques Gilard: El Jardín de las Weismann y la otra violencia.
"De allí la poesía que corre por esas páginas, de ahí las múltiples lecturas posibles que ofrece El jardín de las Weismann. Jorge Eliécer Pardo recuerda en forma convincente que la historia, hasta la más contemporánea, se presta para la elaboración de infinitas historias, o para el reconocimiento de todas las que están más allá de los hechos".

1979: Luz Mary Giraldo: El Jardín de las Weismann o de la nostalgia y la soledad.
"La novela maneja con sutileza momentos fuertes que fusionan el contenido de la violencia en el amor y en la lucha, logrando crear una atmósfera mágica, donde se unen también soledad y desesperanza, siempre en un ambiente telúrico, logrando verdaderos clímax poéticos en las secuencias monologadas en la interioridad, y aunque en algunos momentos circunstanciales decae dentro del relato la calidad de estilo, por la palabra misma que parece herir la altura, o por el tratamiento a veces también gratuito del tiempo repetido en los personajes en fusión de pasado-presente, la novela resulta una promesa en nuestras letras donde el encantamiento de la palabra, logra fascinar el tema, superando el estadio de la mera denuncia o de la novela sentimental para, sin alejarse de la realidad, penetrarla en sus más recónditas emociones".

1978: Seymur Menton: Un Nuevo satélite en la novela colombiana: El Jardín de las Weismann.
"El jardín de las Weismann carece de la tensión dramática de El día señalado y de la trascendencia microcósmica de Cien años de soledad pero no deja de ser una novela bella y original sobre la violencia".

Hugo Ruiz Rojas: El Jardín de las Weismann.
"La novela o mejor nouvelle, como sabiamente llaman a este género los franceses por su extensión entre cuento y novela, o cuento largo y novela corta como tan bizantinamente se han empecinado en intentar clasificarla, trae un epígrafe de Faulkner, tomado de Una rosa para Emilia, y el texto del relato confirma a las pocas páginas la predilección de este joven autor por el gran maestro norteamericano y su mundo algo siniestro".

Germán Santamaría: El Jardín de las Weismann.
"Un ambiente interior, un tiempo detenido y un turbulento río de pasión humana, aflora en cada una de estas páginas. Con una abundante pero mesurada dosis poética, la obra de Pardo no es ya el augurio sino la confirmación de un talento novelístico".

Eduardo Santa: El Jardín de las Weismann la última obra de Jorge Eliécer Pardo.
"Ciertamente la violencia en la novela de Pardo no es simple inventario de muertos o prolija descripción de torturas sino ambiente, atmósfera en los que se respira un viento de terror, sin necesidad de recurrir a truculencias".

Gustavo Álvarez Gardeazábal: El Jardín de las Weismann.
"Para ser la primera novela de un antiguo cuentista, la obra es de excelsas calidades. Para la literatura colombiana, ansiosa de nuevos valores y de amables empeños germinantes, un bastón de especialísima importancia. Para los lectores de novelas, una obra recomendable".

Carlos Orlando Pardo: Literatura de reflexión.
"Siempre ha dicho que le cuesta llenar una página, pero mucho más que la historia logre su versión final. Es el camino del proceso creador de un novelista que ha sido traducido al francés, inglés, italiano y portugués y que ha alcanzado el renombre necesario como para ser estudiado en centros universitarios del exterior. Su obra ha sido reconocida por la crítica nacional y extranjera en comentarios favorables de los colombianos Germán Vargas Cantillo, Eduardo Pachón Padilla, Luz Mery Giraldo, Gustavo Alvarez Gardeazábal, Isaías Peña Gutiérrez, Iván Bedoya, Alvaro Pineda Botero, Germán Santamaría, Alonso Aristizábal y José Luis Díaz Granados, entre otros, y por los extranjeros Raymond Williams, Seymour Menton, Olver Gilberto de León, María Victoria Rayzábal, Fidel Vilanova y Carmen Martín".

Jacques Gilard: El jardín de las Weismann: Jorge Eliécer Pardo y la otra violencia.
"Algunas trampas ofrece el primer capítulo de El Jardín de las Weismann y, una de ellas, es su longitud —comparado con los demás— en donde se abren pistas contradictorias y engañosas…(sigue)".


Conversación trasgresora con Jorge Eliécer Pardo
"Jacqueline Pachón - Margarita Prada
"Usted nació en una población que padeció el azote de la violencia partidista de mitad de siglo, de esos primeros años quedan a veces recuerdos vagos, imágenes evanescentes ... ¿cuáles son las más antiguas en su memoria? ¿Es alguno de esos recuerdos recurrente en su obra?".

Cuentos:

Los velos de la memoria
Presentación de El libro y una pieza de teatro en la exposición de las mujeres compasivas con las víctimas de conflicto armado colombiano


VER. Los velos de la memoria: Una narrativa épica de héroes sin victorias. Eugenia Muñoz.
No hay héroes en Los velos de la memoria (5) en el sentido tradicional épico de considerar heroicas las actuaciones de personajes de dos bandos contrarios como Héctor y Aquiles en la Ilíada, o las de Ulises victorioso ante todos los obstáculos en su largo viaje de regreso a ĺtaca. Héroes antiguos que tenían una relación directa con los dioses míticos protectores o aliados de sus causas”. 


VER. Dos ensayos sobre el cuento SIN NOMBRES, SIN ROSTROS NI RASTROS, del libro LOS VELOS DE LA MEMORIA.
El arquetipo del Ánima en el relato Sin nombres, sin rostros ni rastros de Jorge Eliécer Pardo: Desgarramiento e individualización.
En Pardo se alcanza un estado de lucidez espiritual que potencia un estado de autoconsciencia sobre el ser-ahí de la nación colombiana en su intrincada y obscura esencia.
Guillermo Bonilla BarreroUniversidad del Tolima.
Los ríos de los desaparecidos en el cuento Sin nombres, sin rostros ni rastros, de Jorge Eliécer PardoJennifer Paola Canizales CardonaUniversidad del Tolima.

VER. “Los velos de la memoria” Traductor al francés, prólogo. Contratapa. 
Germán Castellanos. Mery Molina. Presentación Feria del libro 2015. Jota Mario, León Valencia. María León.


VER. Los Velos de la Memoria. Estética del horror.Angélica Pérez.
“32 cuentos. 45 fotografías. 197 páginas. Testimonio desgarrador de una guerra que dura desde siempre. En Los velos de la memoria Jorge Eliécer Pardo da la voz a las víctimas en Colombia de masacres y asesinatos brutales. Es la muerte que habla. Ritual de duelo contra el olvido”.



Transeúntes del siglo XX

VER. Transeúntes del siglo XX 
Carlos Perozzo. Prólogo.
"Leyendo los cuentos de Transeúntes del siglo XX, se tiene la impresión de que su ámbito literario va dibujando en nuestra lectura la línea de una tensión que sabe hasta donde llegar; que sabe con quien trata en la soledad de sus indagaciones. Hay una pluralidad de voces asordinadas, de vacíos parlantes que delatan la soledad del propio ser dividido; se intuye la posibilidad de penetrar el mundo mediante un oficio riguroso que aúna el compromiso con la realidad y la preocupación formal del estilo y la estructura". 


Guerra y literatura en la obra de Jorge Eliécer Pardo
VER. Fabio Martínez: Guerra y Literatura en la obra de Jorge Eliécer Pardo.
Sonia Truque
"La edición de Guerra y Literatura en la obra de Jorge Eliécer Pardo es bella y contiene fotografías que aluden a los temas en los que Fabio Martínez estructuró la investigación. Dice la contratapa:
"Guerra y Literatura en la obra de Jorge Eliécer Pardo es un libro conformado por 56 textos entre ensayos, reseñas, comentarios y entrevistas sobre su trabajo literario; refiere las novelas El pianista que llegó de Hamburgo (2012), La Baronesa del circo Atayde (2015), Trashumantes de la guerra perdida (2016) —primeras de El quinteto de la frágil memoria— y el libro de cuentos Los velos de la memoria (2014), todos publicadas después de dos décadas de silencio editorial del escritor (1992-2012)".

VER. “Guerra y literatura en la obra de Jorge Eliécer Pardo (compilador: Fabio Martínez)”. Sinopsis
"Los autores de los textos son de intelectuales con amplia trayectoria, residentes en Francia, Estados Unidos y Colombia; sus análisis aportan reflexiones a la discusión de la literatura que aborda la guerra y el conflicto armado colombiano".





















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