25 de octubre de 2013

Biografía



JORGE ELIÉCER PARDO
El Líbano, Tolima, Colombia, 1950

Escritor, periodista, docente universitario. Director y productor de documentales para la televisión pública colombiana. Premios nacionales de Literatura, cuento y poesía.

Ha publicado seis novelas, La última tarde del Caudillo, Cangrejo Editores 2018, Trashumantes de la guerra perdida, Cangrejo Editores 2017, Pijao-Caza de Libros, 2016. El pianista que llegó de Hamburgo, Cangrejo Editores, 2012: cuatro ediciones. La baronesa del circo Atayde, Cangrejo Editores, 2015. Seis hombres una mujer, Grijalbo, 1992: tres ediciones. Irene, Plaza & Janés, 1986: ocho ediciones, traducida al inglés. El jardín de las Weismann, Plaza & Janés, 1979: nueve ediciones, traducida al francés por Jacques Gilard.

Libros de cuentos: Les voiles de la mémoire, Éditions Folle Avione, París, 2016, traducido por Jean-Pierre Dezaire y prologado por el filósofo social Jean-Jacques Kourliandsky. Los velos de la memoria, Ediciones Vericuetos, Francia, 2014: seis ediciones. Cuentos —Antología personal—, Pijao Editores, colección Maestros contemporáneos, 2014. Transeúntes del siglo XX, Biblioteca de autores del Líbano, 2007: dos ediciones. Las pequeñas batallas, Pijao Editores, 1997: dos ediciones. La octava puerta, Editorial Oveja Negra, Biblioteca de Literatura Colombiana, 1985: tres ediciones. Las primeras palabras, en coautoría con su hermano Carlos Orlando Pardo, Pijao Editores, 1973. Libro de poemas: Entre calles y aromas, Premio Nacional de Poesía, Pijao Editores, 1985.

Su obra ha sido incluida en diversas antología como, Cuentos hispanoamericanos: Colombia, edición bilingüe español alemán, (Erzählungen aus Spanisch Amerika: Kulumbien) y Cuentistas hispanoamericanos en la Sorbona; Menaces. Anthologie de la nouvelle noire et policiere latino-americaine (Cuentos latinoamericanos, edición en francés); Antología da novela Hispano Americana (edición en portugués).



DE SU OBRA HAN DICHO:




“El manejo del castellano de Jorge Eliécer Pardo en El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del Circo Atayde es de una gran riqueza en todos los sentidos, gramatical, verbal, sintáctico. Si se habla de una fuerza descomunal en los libros de Pardo, es, precisamente, el lenguaje”.

“Diría que leer su obra es emprender una aventura a través del idioma; como si cada palabra, cada imagen, cada frase, fuese una nave que nos transporta al pasado, a mundos conocidos o imaginados, existentes o inexistentes, tangibles e intangibles. Pocas veces puede leerse una obra literaria con un manejo tan brillante de la lengua castellana; un lenguaje como pocas veces se encuentra en la literatura”.

“El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del Circo Atayde son una metáfora del eterno incendio en el que nuestras vidas se incineran a cada instante y de la incapacidad del ser humano de reconstruirse y reinventarse a sí mismo”.

“El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del Circo Atayde deberían ser lectura obligatoria en escuelas, colegios, universidades, empresas, partidos políticos, sindicatos; estoy segura de que aprenderíamos mucho sobre nuestra idiosincrasia y entenderíamos este remolino de violencia en el que hemos navegado por décadas”.

Berta Lucía Estrada
Crítica literaria, Universidad de La Sorbona
Francia

…….



“El pianista que llegó de Hamburgo tiene la virtud de testificar pero especialmente de revelar. Y eso hace Jorge Eliécer Pardo, revela el dolor íntimo, el peso de lo público que apabulla al sujeto individual. Y en esto tiene tradición su narrativa”.

“El pianista que llegó de Hamburgo no es una novela de amor o desamor, este sentimiento relacionante de importancia en esta obra, funciona solo como intermediario para mostrar dos niveles: guerra-música”.

“Rebeca, La baronesa del Circo Atayde, que es simbiosis de ángel y demonio, no se expresa como dualidad porque las dos fuerzas aladas son unión, síntesis, y camino de expresión”.

“En La baronesa del Circo Atayde la metáfora del Ícaro herido, con la que se consolida el recuerdo retrospectivo del circo y la fiesta del vuelo y el trapecio finalmente conduce hacia una nueva relación: cofre-circo-silencio. Esto significa que ir tras las huellas de la caja de Pandora, es camino necesario para recordar con nostalgia pero con necesidad de construir futuro tanto en el escenario privado como en el público”.


Cecilia Caicedo Jurado
Doctora en Filosofía y Letras
Universidad Complutense de Madrid



“Como en tantos autores contemporáneos, en El pianista que llegó de Hamburgo el arte es la única salida: en este caso la música que, contrario al amor y su muerte, acompaña. Es arte supremo, verdadera iniciación, fortaleza, redención, religión, es decir, en sentido estricto, religare, unión profunda, vibración del oído al corazón”.

“En La baronesa del Circo Atayde, una vez más, como designio fatídico, el amor se niega a dar plenitud a los sueños del personaje, mientras la historia sigue repitiendo situaciones, llamando a la memoria, destacando hechos irresueltos. De eso da cuenta Jorge Eliécer Pardo: salva del olvido el pasado, rescatándolo de las investigaciones y testimonios al tejerlo en sus ficciones y ponerlo como una sombra que siempre está ahí, activa, violenta, arbitraria y a veces fantasmal alrededor de las vivencias de unos y otros”.

Luz Mary Giraldo
Doctora en Literatura
Universidad Nacional de Colombia



“Carlos Arturo con María Rebeca, de La Baronesa del circo Atayde y, Hendrik con Matilde, de El pianista que llegó de Hamburgo, son historias de amor inicialmente logrado y pleno para después perderse sin remedio por la abrupta desaparición y separación, quedando presas del sufrimiento que los lleva a la degradación personal y síquica”.


Eugenia Muñoz
Virginia Commonwealth University
Estados Unidos


“El manejo del castellano de Jorge Eliécer Pardo en El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del Circo Atayde es de gran riqueza en todos los
sentidos, gramatical, verbal, sintáctico. Si se habla de una fuerza descomunal en los libros de Pardo es, precisamente, el lenguaje”.

Berta Lucía Estrada
Crítica literaria, Universidad de La Sorbona
Francia



“Diría que leer El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del Circo Atayde es emprender una aventura a través del idioma. Pocas veces puede leerse una obra literaria con un manejo tan brillante de la lengua castellana, un lenguaje como pocas veces se encuentra en la literatura”.

Berta Lucía Estrada
Crítica literaria, Universidad de La Sorbona
Francia


“El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del Circo Atayde son una metáfora del eterno incendio en el que nuestras vidas se incineran a cada instante y de la incapacidad del ser humano de reconstruirse y reinventarse a sí mismo”.

Berta Lucía Estrada
Crítica literaria, Universidad de La Sorbona
Francia


“El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del Circo Atayde deberían ser lectura obligatoria en escuelas, colegios, universidades, empresas, partidos políticos, sindicatos; estoy segura de que aprenderíamos mucho sobre nuestra idiosincrasia y entenderíamos este remolino de violencia en el que hemos navegado por décadas”.


Berta Lucía Estrada
Crítica literaria, Universidad de La Sorbona
Francia


“El pianista que llegó de Hamburgo tiene la virtud de testificar pero especialmente de revelar. Y eso hace Jorge Eliécer Pardo, revela el dolor íntimo, el peso de lo público que apabulla al sujeto individual. Y en esto tiene tradición su narrativa”.

Cecilia Caicedo Jurado
Doctora en Filosofía y Letras
Universidad Complutense de Madrid


“El pianista que llegó de Hamburgo no es una novela de amor o desamor, este sentimiento relacionante de importancia en esta obra, funciona solo como intermediario para mostrar dos niveles: guerra-música”.

Cecilia Caicedo Jurado
Doctora en Filosofía y Letras
Universidad Complutense de Madrid


“Rebeca, La baronesa del Circo Atayde, es simbiosis de ángel y demonio, no se expresa como dualidad porque las dos fuerzas aladas son unión, síntesis, y camino de expresión”.

Cecilia Caicedo Jurado
Doctora en Filosofía y Letras
Universidad Complutense de Madrid


“En La baronesa del Circo Atayde la metáfora del Ícaro herido, con la que se consolida el recuerdo retrospectivo del circo y la fiesta del vuelo y el trapecio finalmente conduce hacia una nueva relación: cofre-circo-silencio. Caja de Pandora, camino necesario para recordar con nostalgia pero con necesidad el futuro tanto en el escenario privado como en el público”.

Cecilia Caicedo Jurado
Doctora en Filosofía y Letras
Universidad Complutense de Madrid


“Carlos Arturo con María Rebeca, de La Baronesa del circo Atayde y, Hendrik con Matilde, de El pianista que llegó de Hamburgo, son historias de amor inicialmente logradas y plenas para después perderse sin remedio por la abrupta desaparición y separación, presas del sufrimiento que los lleva a la degradación personal y síquica”.

Eugenia Muñoz
Virginia Commonwealth University
Estados Unidos


El jardín de las Weismann

Es El jardín de las Weismann, bello, tenso y angustiado poema sinfónico. Si no me engaño, como diría Borges, esta novela se debe catalogar entre las mejores de la segunda mitad del siglo pasado en Colombia.

Isaías Peña Gutiérrez.


Dentro de este gran bosque literario que cubre la “literatura de la violencia” hay que afirmar, que El jardín de las Weismann es una de las mejores novelas cortas del género no sólo por la temática que aborda, si no, por la forma como trata la historia.

Fabio Martínez.


Obra clásica contemporánea de la narrativa nacional. José Luis Díaz-Granados.
El jardín de las Weismann donde existe una recreación que surge de lo horrido para instaurarse en el campo de la estética como lo presagiaba Baudelaire. Libardo Vargas Celemín.

Su historia como libro, hijo de estos vientos, permite recordarnos que estamos sobreviviendo en la locura de la guerra y del amor sin prejuicios de moral y de ética. Diógenes Díaz Carabalí.

Tanto las Weismann como Lisístrata simbolizan esa fuerza oculta que persiste en destruir a los guerreros de la muerte a través del amor que es la auténtica vida del ser humano.

Jorge Guebely.


Una suerte de ideación al estilo de uno, ninguno y cien mil pirandelliano, con resonancia de Carroll, rige la construcción de estos personajes femeninos. Se trata de una pequeña gran novela.

María Victoria Reyzábal.


El Jardín de las Weismann es una novela poética donde el amor se asfixia entre los velos implacables de la muerte. Crea una atmósfera irrespirable e infernal comparable a la tensa densidad de La Peste de Albert Camus.

Fernando Ayala Poveda.


El jardín de las Weismann no es una novela de o sobre la Violencia colombiana, sino una poética evocación de la violencia en general. Salvando distancias, el libro obliga a recordar la película de Griffith, Intolerancia. Jacques Gilard.

Pardo, es lo menos que podremos decir, da muestras de cierta soltura y ritmo contenido en muchos pasajes de su, por algunos aspectos, hermoso libro.

Hugo Ruiz Rojas.


La integración de las Hartmann a la comunidad del Pueblo crea un conflicto subterráneo tan rico y devorador como aquel que surge en las mejores novelas de William Faulkner.

Germán Santamaría.


Cargadas con todo el peso del misterio y con toda la responsabilidad de una historia muchas veces narrada en la literatura colombiana, pero muy pocas veces
contada como lo hace Jorge Eliécer Pardo en este libro: obra de excelsas calidades.

Gustavo Álvarez Gardeazábal.


Desde el lenguaje analógico, manejado por Jorge Eliécer Pardo, las Weismann construyen la casa del amor y la ternura, que termina siendo de una parte un sitio de confabulación política, de pretexto para el refugio de un hombre que es parte de un movimiento revolucionario clandestino.

Cecilia Caicedo J de Cajigas.


El jardín… teje la complejidad dela violencia a otros temas universales, como pueden serlo la soledad, el amor, el erotismo y la espera, narrados con una prosa lírica que resulta paradójicamente fresca ante la desgarradora temática, gracias al lenguaje y ritmo poéticos que liman el oscuro ambiente de la pesadumbre y favorecen la luminosidad de la sugerencia matizada por el amor.

Luz Mary Giraldo.


Experimenté la amargura de los múltiples desplazamientos que se tipifican en los personajes de la novela, que no son otros que la injusticia con que los dueños del poder expropian las esperanzas de los pueblos. Percibí la solidaridad, esa búsqueda incesante del otro, esa lucha por mantenerse erguidos a pesar de tanta humillación y tantas negaciones. Ese volver a empezar, tan característico del pueblo colombiano.

Benhur Sánchez Suárez.


Quien se haya dado el lujo de introducirse en El jardín de las Weismann, novela de lenguaje indócil y de extraña materia como la que componen los sueños, podrá sentir que es discutible el carácter de veracidad de sus ciento cuatro páginas —lo que en últimas carece de importancia— pero no el de la belleza que arrebata y seduce como el erotismo de las de las hermosas protagonistas.

Leonardo Mora.


El Jardín de las Weismann nos introduce a lo múltiple, obliga a la razón y a la imaginación a transitar por los caminos del saber y la creación, deja urgencias de respuesta, lleva a la reflexión y no da tregua a la herida que supura en la constante traición a la vida. 

Patricia Suárez.


El Jardín de las Weismann de Jorge Eliécer Pardo se destaca dentro de la literatura colombiana como una obra en la que se identifica la re-creación de la Violencia sociopolítica padecida en Colombia a través de la implementación técnicas narrativas propias de la modernidad literaria.

Emma Bohórquez Bonilla.



Si bien es cierto, que la muerte vence la felicidad del jardín de las Weismann donde Gloria pudo vivir entre las dalias, los crisantemos y las rosas, sus sueños de adolescente y sus deseos de mujer, es significativo, que la última visión de su compañero hombre, sea la de un cuerpo que asciende por los aires y que no ha cerrado los ojos. ¿Divinización y/o mitificación? En todo caso, eternización. 

Eugenia Muñoz.


Pardo mitifica el período de la Violencia con base en un sistema dualista y binario: la temática del amor y de la muerte; el Sargento Peñaranda contra el guerrillero Ramón Rodríguez; los oligarcas de los dos partidos políticos que cooperan con el dictador militar frente a los guerrilleros desconfiados que siguen peleando; las dos generaciones de hermanas Weismann en las cuales abundan las gemelas; los dos novios de Gloria: Antonio el alcalde destituido por los militares, y el guerrillero Ramón; la lucha contra el gobierno militar tanto de Alemania como de Colombia. 

Seymour Menton.


Con El Jardín de las Weismann Jorge Eliécer Pardo nos ha dado una lección: el tema de la violencia a nivel literario requiere un toque humano de amor, de ternura, de poesía.

Eduardo Santa.


Siempre he sostenido que El Jardín de las Weismann es una de las mejores novelas en el muy triste panorama de la novela de la Violencia. Siempre la he visto como un objeto tan finamente construido como un reloj suizo. Incluso si yo dirigiera algún día un taller de escritores para jóvenes principiantes, los dos textos de lectura obligatoria como ejemplos ideales del arte de narrar, serían, El Coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez y El Jardín de las Weismann de Jorge Eliécer Pardo.

Raymond Williams.


El Jardín de las Weismann texto en la universidad de La Sorbona, es una pequeña joya de la literatura latinoamericana.

Olver Gilberto de León.


El Jardín de las Weismann logra crear un clima de nostalgia y magia que sorprende de modo agradable que sorprende por el acertado manejo de un lenguaje eficaz y sugerente.

Germán Vargas Cantillo.


El Jardín de las Weismann una novela bella y original sobre la violencia.

Seymour Menton.


Si bien son muchas las novelas colombianas que dan cuenta del terror de esa violencia ciega, liberal-conservadora, de mitad del XX colombiano, en la novela de
Jorge Eliécer Pardo, el tema es ciertamente el ya referido, pero el lector se encuentra con una variante poética de suma fuerza e importancia.

Cecilia Caicedo J de Cajigas.


Con El jardín de las Weismann, Jorge Eliécer Pardo logra componer con buena fortuna la novela colombiana más representativa de su tiempo, una auténtica historia coral donde se expresa a cabalidad la conciencia colectiva de aquellos años, utilizando las metáforas del jardín multifloral en medio de la más feroz de las contiendas fratricidas.

José Luis Díaz-Granados.


Es gratificante para la literatura colombiana tener un Jardín que se mantiene florecido. 

Benhur Sánchez Suárez.


Jorge Eliécer Pardo tenía claro, desde aquellos días de su juventud, cómo debería estar lejos del provincialismo así contara la comarca pero con el tinte poético alrededor de la violencia.

Carlos Orlando Pardo.


El jardín de las Weismann está escrito en un lenguaje poético, que es el lenguaje del arte y la literatura.

Fabio Martínez.


El Jardín de las Weismann, de Jorge Eliécer Pardo, siempre será un paraíso no perdido, y florecerá de nuevo para el que deseé envolverse en sus fragancias prohibidas: nunca faltarán los muertos a quienes debamos llevarles ramos de dalias, de claveles, de azucenas, de crisantemos, de rosas...

Leonardo Mora.


Tres décadas después El jardín de las Weismann va de anaquel en anaquel y de mano en mano atrapando lectores y el sargento Peñaranda dejando escuchar el chasquido de sus botas sobre la historia de la literatura colombiana.

Libardo Vargas Celemín.


Jorge Eliécer Pardo nos ha ido llevando en esta bella y breve novela hacia el camino donde se vive, se ama, se muere y se respiran entre flores, la nostalgia y la soledad.

Luz Mary Giraldo.


El jardín de las Weismann es una oposición y rebelión osada contra los cánones de la tradición religiosa represora de la libertad sexual individual y de la negación del cuerpo como fuente del placer.

Eugenia Muñoz.


El Jardín de las Weismann, bella si se puede llamar bella una novela sobre la violencia en Colombia, que combina los rezagos epilogales de la Segunda Guerra Mundial.

Diógenes Díaz Carabalí.

Seis hombres una mujer


La voz narrativa escudriña y hurga en la mediocre y sombría cotidianidad de la vida matrimonial de Leonor Valenzuela y Jerónimo Santos, ambos al final, presas del matrimonio sin el amor verdadero, de los deberes, de las apariencias sociales, de las vacaciones anuales en playas cuyo sol, olas y gaviotas, nada dicen a sus pieles ni a sus ansias insatisfechas.

Eugenia Muñoz
Virginia Commonwealth University


La complejidad psicológica de los personajes, la belleza del lenguaje, la tensión y pulsión estética que nutren esta obra, invitan a la relectura y a considerar que la literatura, más allá de los sacrificios, heridas y renuncias que exige el ritual de la palabra, es, ante todo, tal como lo expresara el poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón “la única prueba concreta de la existencia del hombre”.

Jorge Ladino Gaitán Bayona
Investigador literario


Seis hombres una mujer invita a la reflexión sobre la cristalización de los ideales, el tiempo que nunca se podrá recobrar y los destinos no deseados. En especial sobre esto último, tal vez una de las experiencias más amargas para un ser humano.

Leonardo Monroy Zuluaga
Docente universitario


Éste personaje en la narrativa colombiana es sin duda uno de los más conflictivos en el plano psicológico, así como lo han sido en la narrativa universal, los hermanos Karamazov, personajes que estructura en su narrativa Fiódor Mijáilovich Dostoievski e Iván Illich, personaje principal que da vida a uno de los libros de León Tolstoi.

William Geovany Rodríguez Gutiérrez
Académico

Irene

Jorge Eliécer Pardo escribe de una manera singular, asociando con libertad. Tal vez por eso mismo toca y describe con ingenio eventos que para el Psicoanálisis son materia de obser

Rafael Mejía, Psicoanalista.


Irene es la novela urbana que, con la poesía como tránsito, descubre las flaquezas y desarraigos de sus personajes, citadinos que entran y salen por las páginas, circunscritos al vicio de su monotonía, cotidiana como ellos mismos.

René González.
Diario El País, Suplemento Dominical, Cali.


Irene es una novela de blancos y negros. De baches y cumbres. En ella no hay amor sino esperanza. Pero, tanto el profesor como Irene se desesperan, todo queda en negativo fotográfico. Tanto (y acaso tan exageradamente) que al final, cuando las arañas parecen perderse y el lector descansa porque Irene por fin acopló al profesor, se sospecha que el arácnido es él y no su pensamiento.

Ana María Azcárate.
Revista Hoy por Hoy, Bogotá.


Irene es una tierna novela que muestra lo dulce, lo erótico, lo pasional de una relación sexual, dibujando con preciosidad la placidez y felicidad del encuentro de un hombre y una mujer.

Myriam Bautista.
Revista Semana, Bogotá.


Irene, nos impone a los psicoanalistas un nuevo reto: conceptualizara acerca del erotismo de la muerte, o mejor aún, acerca del erotismo en el acto morir.

Alberto Fergusson Bermúdez.
Psicoanalista.


Irene es una novela estructurada en el símbolo donde la complicidad del lector no solamente es manifiesta sino activa.

Fidel Vilanova.
Novelista español. El Heraldo, Revista Dominical, Barranquilla.


Con esta novela de amor, que se escribe en medio del desamor de una sociedad violenta, clama por la armonía de un planeta que se nos está desarmando entre rudezas y atrocidades.

Gustavo Páez Escobar.
Diario El Tiempo.


La mujer araña, esta tejedora, es simultáneamente un objeto de deseo, una mujer tejida, textualizada, convertida en literatura, asediada por las palabras.

Eduardo Jaramillo Z.
Boletín Cultural del Banco de la República.


Toda la obra se desarrolla en el ambiente denso y vaporoso de los sueños, la indiferencia social y la angustiante soledad.

María Elvia Bello.
Revista El Carnero.


Los velos de la memoria

Los velos de la memoria, el libro del escritor colombiano Jorge Eliécer Pardo, fue presentado en el Consulado de Colombia en París. Con disertaciones del escritor, crítico y periodista de la Agencia EFE, Eduardo García Aguilar, de la académica, profesora de la Universidad de París, Luisa Ballesteros y la exposición de fotografías en grandes formatos, impresas sobre velos que cubrieron la sala, tomadas por Pardo, de las cuales 79 aparecen en la edición que Vericuetos hizo del libro de cuentos. Los velos de la memoria, son tejidos por 32 relatos que viajan por la historia de Colombia. Se escuchan las voces de las víctimas en el lenguaje purificador del río, en la inocencia de los niños, en los restos insepultos. Personajes anónimos que, en el largo éxodo por el país, no encuentran explicación a sus despojos.
No son testimonios ni denuncias, tampoco crónicas de confrontaciones bélicas. Son narraciones de la memoria que surgen desde la indefensión, el horror y la muerte. Ritual de duelo contra el olvido.

Los lectores opinan

Dice Eduardo García Aguilar; “Los velos de la memoria me han conmovido profundamente…
Prosa sobria, sencilla y efectiva… cuando leemos cada uno de los textos parecen dictados por un ser misterioso… como si no hubieran sido escritos… poemas donde el autor usa la voz de los fantasmas que convoca… Ni la izquierda, ni la derecha, ni lo religioso o lo no religioso, ni los malos ni los buenos están exentos de cierta culpa. Me recuerda muchos libros de la violencia de grandes escritores mexicanos y pienso en el maestro Edmundo Valadés, su cuento, La muerte tiene permiso, gran clásico de la literatura mexicana… El libro de Pardo está llamado a convertirse en clásico de la literatura colombiana”.

Angélica Pérez Pérez, periodista de RFI, Radio Francia Internacional, afirma: “Testimonio desgarrador de una guerra que dura desde siempre, Los Velos de la memoria da voz a las víctimas en Colombia de masacres y asesinatos brutales. Es la muerte que habla. A partir de la indefensión y el dolor, Jorge Eliécer Pardo construye unos relatos de una enorme carga simbólica dibujada en los ritos que hacen las mujeres para paliar el sufrimiento, conjurar el olvido y devolverle la dignidad a sus muertos. Narraciones ataviadas de una poética tan horrorosa como sublime que convierten a la obra de Pardo en arquetipo de la estética del horror. La prosa de Pardo es audaz y valiente porque osa dar a cada uno de los actores de la guerra en Colombia el papel que ha jugado y sus responsabilidades. Los Velos de la Memoria es una obra de ficción que permite superar las premisas simplistas y peligrosas que cubren la memoria y con las que se corre el riesgo de hacer una paz a medias, tan funesta como la guerra misma”.

Mery Molina dice: “Al empezar a leer Los velos de la memoria, del escritor Jorge Eliecer Pardo, debo confesar que la primera sensación que invadió mi cuerpo fue totalmente desconcertante, a tal punto que tuve que interrumpir mi lectura; me envolvió una profunda tristeza, mi corazón latió fuertemente, el aire de mis pulmones se convirtió en humo, mis ojos se transformaron en cristales rotos, sentí pánico, dolor, miedo… ese miedo que seguramente sintió cada una de las victimas torturadas, violentadas, masacradas que pertenecen, sin duda, tanto a la realidad como a la fantasía. Logre restablecer mi espíritu y mi mente y continúe con fortaleza para encontrar una gran ambigüedad, la narración más bella, limpia, conmovedora y exquisita de hechos atroces, estremecedores, horripilantes. Fue realmente inesperado, encontrarme con esa realidad mezclada de fantasía, transformada bajo las letras del escritor, esa forma de describir sutil y amablemente tanta maldad, hallar una realidad tan cruel tejida en hilos finos y poéticos, los cuales en ningún momento me alejan del dolor humano, de las heridas del alma, de los cuerpos perdidos, de los niños huérfanos, de las viudas inconsolables, de las mujeres abusadas, pero que para mí, se transformaron en un conjunto de bellas narraciones negras. Tampoco olvidaré como describe la sevicia de los victimarios, como gozan al realizar estos ataques, como logran destrozar la vida al son de música y licor, cuán grande es su maldad?, creo que es tan grande como su posterior sentido de culpa, porque después de tanta crueldad, estoy segura que su perturbada conciencia los perseguirá por siempre, las voces que acallaron permanecerán atadas a sus oídos, la sangre que los cubrió, permanecerá mezclada con la de sus manos, el olor a muerte lo percibirán en cada lugar en donde habiten, y la imagen de la mirada suplicante de sus víctimas, no la podrán borrar de sus mentes y permanecerá con ellos, hasta el fin de sus días. Ese, sin duda, es el martirio y la tortura más grande que puede soportar el ser humano. Las fotografías, hermosas, con expresiones de vida, esperanza y dolor”.

El poeta colombiano Jorge Torres, residente en París escribió: “Impotencia, desamparo, orfandad: pesadilla escarlata en Los velos de la memoria. Por las palabras que en turbulencia descienden por el rio, en un territorio del planeta azul llamado Colombia, flotan en sus ondulaciones el miedo, el dolor y la rabia venciendo el olvido que ha borrado la permanente tragedia. Son las voces que llevan un eco que nadie escucha aunque ruja en los tímpanos y se fragmente en la retina insensible a todas las aberraciones de la patología de la violencia. ¡Impotencia! Esa es la sensación: nada puedo hacer para salvarme, estoy condenado y quisiera decir que se equivocan, que no pueden amputar mis sueños prematuramente; pero en verdad todo será inoficioso: cercenarán mi sensible arquitectura y desmembrarán todas las partes de mi ser para no dejar huella de mi existencia (es la mano de la depravación y la depredación). Impotencia que se diluye en el silencio cargado de una profunda tristeza que se desvela, como neblina, en el viaje del tiempo desde nuestros ancestros. Voces y voces al unísono, a veces a capela, o entre murmullos escondidos en la vegetación que es la única cómplice para intentar salvarse. Rostros y rostros de

profunda mirada expresando la impotencia en el exterminio, en actos de sevicia y, después: manos, cabezas, miradas en procura del cuerpo y el ser para reencontrarse con sus íntimos que, en el total desamparo, buscan sus sueños cargados de desesperanza. No hay edad para el homicida: niños, adolecentes, adultos, ancianos, expresarán el grito y hablarán del viaje definitivo en el gesto del dolor; resistiendo la masacre aunque la orfandad perennice su existencia.
Los velos de la memoria es un poema profundo que exhuma el olvido y da aliento al verbo para reconstruir la historia, la verdadera historia que no se ha escrito; desempolva la mentira que han nutrido muchos cronistas de la Republica. La palabra fluye de una fuente esencial: el ser colectivo desterrado de su cuerpo, de su sueño, de su tradición; vive y permanece en la memoria y, que imagen tras imagen recorre el deambular de un tiempo trazado de añejo escarlata, dibuja la huella de la barbarie trashumante desde millones y millones de instantes cercenados. Las guerras del mundo. La impotencia, el desamparo y la orfandad, titilan en el libro: escucho un eco que me dice: ¡basta! ¡basta!, mientras leo Los velos de la memoria mis manos temblorosas arrancan estas sensaciones para que retorne el equilibrio asistiendo al funeral de la vieja guerra y a la floración de la vida”.

Los velos de la memoria publicado en francés en 2015.

Estimado poeta. Gracias por abrir las páginas de Aquelarre para divulgar mi trabajo, modesto, sencillo pero responsable, disciplinado. Trabajo de la vida.
Te estoy adjuntando.


1. Ensayo de Luis Carlos Muñoz, sobre TRASHUMANTES DE LA GUERRA PERDIDA
2. Algunos criterios sobre los libros que forman parte de mi QUINTETO DE LA FRAGIL MEMORIA; El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del circo Atayde
3. Algunos criterios sobre mis novelas anteriores
4. Algunos comentarios sobre LOS VELOS DE LA MEMORIA mi libro de cuentos sobre el conflicto armado en Colombia, donde se incluyen cuentos premiados. Este libro ha salido en París y en francés hace apenas unos meses
5. Comentarios sobre GUERRA Y LITERATURA EN LA OBRA DE JORGE ELIÉCER PARDO libro de ensayos académicos y periodísticos compilados por el escritor y docente Fabio Martínez y editado por la Universidad del Valle en 2016
6. Un resumen de mi biografía
7. Iconografía. Libros y fotos del autor.


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