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29 de junio de 2010

Carlos Orlando Pardo: La ausencia del escritor Alberto Duque López



Por Carlos Orlando Pardo
Por fortuna han sido cuidadosos todos los medios de comunicación al registrar en forma destacada la muerte del escritor y novelista Alberto Duque López. Primero fue Jorge Eliécer Pardo y luego Germán Santamaría quienes me avisaron. Un frío de abismo apareció por dentro y por ahí comenzaron a correr las imágenes y el dolor frente a una muerte anunciada días atrás. La amistad de tantos años parecía revolverse y su mirada de ojos pequeños a decirme otra vez cuánto había amado en la vida y cómo, de un momento a otro, un médico tuvo que darle la noticia. Llegó de Nueva York con algunas molestias sin imaginar que el cáncer habitaba en su hígado a pesar de que nunca fue amigo del licor, salvo un vino ocasional en la mitad de uno de los almuerzos que saboreaba con delicia. La glotonería por el cine, los libros, la música, el periodismo y el amor por algunas temporadas habían llenado su existencia y parecía siempre tan vital que sólo al momento de morir comenzamos a conocer su edad verdadera, la que nos parecía imposible al realizar las cuentas desde su nacimiento en Barranquilla. La frescura de su voz modulada jamás tuvo un cambio brusco para permitirnos adivinar sus años y por el contrario, seguro gracias a la cátedra, al contacto con la juventud, a que transitaba fuera de lo chato de la cotidianidad y por la energía que le despertaban las películas, los viajes y los libros, nos entregaba la sensación de que era sencillamente eterno.

Nunca le conocimos molestia alguna en su salud y gravitaba con seguridad de adolescente al imprimir entusiasmo a sus palabras refiriendo novedades sobre libros, música o películas. Podría haber participado en uno de aquellos programas de quiere ser millonario si lo hubiera querido, en la certidumbre de no equivocarse en una sola de las respuestas porque parecía saberlo todo. Desde tiempos tempranos fue un protagonista de la literatura y jamás se le vio con la suficiencia de pretender nada diferente a gozar de lo aprendido o de lo hecho. Lo acompañamos algunas veces a sesiones privadas de los largo metrajes que irían a estrenarse porque la soledad de los cinemas lo obsesionaban apasionadamente, hasta el punto de no perderse a lo largo de años el festival de cine de San Sebastian y el de Cartagena, entre otros de la lista obligada de sus entusiasmos. Sus textos periodísticos eran impecables y nadaban la claridad y el estilo de un consumado escritor bajo el equilibrio del buen gusto y los atrevimientos en la forma. Durante cuatro años tuvimos la intimidad de compartir un programa de televisión junto a Germán Santamaría y las casi doscientas sesiones grabadas, nos dieron la oportunidad de admirar su disciplina y la perfección en el trabajo. Fue, como dijo Germán Santamaría, un banco inmenso de conocimiento sobre cine, literatura, comida, viajes, ciudades y personajes, que uno quisiera permanecer mucho tiempo bajo su sombra luminosa. Ahora que debe estar partiendo para una sala funeraria, nosotros lloramos desde muy adentro del alma su partida y regresaremos a su recuerdo y a sus libros como un ritual que nos aliente a saborear mejor lo que nos quede.
Carlos Orlando Pardo

Jorge E Pardo, Fernando Ayala y Duque López, en el Gimnasio Moderno, 2009
Jorge E Pardo y Duque López , en la Feria del Libro, 2008
Lucy Lorena Libreros dijo...

Hola Jorge Eliécer, soy Lucy Libreros, trabajo para el diario El País de Cali y estoy escribiendo un perfil sobre Alberto Duque. Entiendo que fue gran amigo suyo, así que quisiera que me facilitara un teléfono suyo al que pueda llamarlo para hacerle algunas preguntas sobre él...

Mil gracias...

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