Por
Sonia Nadezhda Truque
Uno de los mejores visibles cambios de la novela colombiana más reciente es el lenguaje que se ha ido construyendo desde una manera más cercana al habla nacional y se aleja de tanto artificio que hacía de su lectura algo pesado. En la novela Verónica resucitada de Carlos Orlando Pardo, se percibe un dinámico desenvolvimiento del lenguaje, una aparente levedad en su manejo, como proponía para este milenio Ítalo Calvino, y también levedad en la construcción de los personajes que en el afortunado manejo del lenguaje llegan fácilmente al lector.
Verónica Resucitada, es la reconstrucción
de la vida de una pareja que a principios del siglo pasado se conocen en el
circo donde ambos trabajan como trapecistas, se casan, tienen dos hijas, viajan
mucho, y se separan por decisión de ella para que sus vidas tomen distintos rumbos.
Este es escuetamente el argumento. Escrita en tercera
persona, por un narrador omnisciente que da cuenta de todo, de Arturo, Verónica,
sus hijas Inés y Sofía, sus amistades, sus desplazamientos, sus logros. Por
otro lado un narrador, señalado en letra cursiva, como si fuera un diario o un
monólogo de Verónica explica el por qué del abandono de su hogar y de sus hijas
y su diario vivir buscando ser ella. La estructura narrativa de la novela en
sus 295 páginas de gran aliento, hacen su ritmo rápido, vertiginoso, a veces pausado
de acuerdo a las exigencias de la trama
que se anuncia desde la primera frase: “Verónica apareció sesenta años después
de la noticia de su muerte”. No es una construcción lineal, con gran pericia
juega con avances y retrocesos temporales que evidencian un sólido conocimiento
de los tejidos verbales de autores que decididamente lo han formado. Se puede
reconocer en el juego temporal una lectura juiciosa de Mario Vargas Llosa y
Gabriel García Márquez. En cuanto al
lenguaje, sobre todo en el bloque narrativo que da cuenta de Arturo, se destaca
la soltura coloquial, el empleo de frases que son lugares comunes pero que en
su artesanía personal resultan enriquecidos y necesarios para conservar el
ritmo de su tejido verbal.
Carlos Orlando Pardo |
Por otro lado Carlos Orlando Pardo, carpintero audaz de la
palabra, logra que las voces narrativas que en perfecta simbiosis van del presente
al pasado se cuenten con claridad sin que el lector pierda el hilo y en el cual
sus criaturas tienen autonomía, no hay manipulación ni deliberación, fluyen y
entran y salen sin que el lector se pierda. Consecuente con esto el lector
atento también puede percibir el aporte del nuevo periodismo, hay como una
intertextualidad que acerca a la crónica con datos externos pero que son como
la piel de sus personajes. En este aspecto permite otra lectura, la que aporta
un gran espacio histórico –político de la Colombia de principios del siglo XX
hasta los años ochenta. También aporta de manera sutil todas las contribuciones
tecnológicas, farmacéuticas, la llegada de la radio, del disco, que para el
país significaron un gran avance, sin dejar de lado lo político y los conflictos
que se sucedían en Europa influyendo en
el país: el estallido de la guerra civil española, el asesinato de García
Lorca, las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, el nombramiento por primera vez
de un ministro socialista en Francia, Leo Blum,
el holocausto en Alemania que cobró la vida de seis millones de judíos,
la muerte de Hitler, de Roosevelt y Mussolini, Charles Lindbergh, el primer
aviador que cruzó el Atlántico, la guerra
que planteó Colombia a Alemania, la guerra de Corea y el contingente que aportó
el país. La historia de Colombia da cuenta de las guerras civiles de finales del siglo XIX, el gobierno de
López Pumarejo y sus reformas sociales que instauraban un Estado Social de
Derecho, el Bogotazo como resultado del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, la
dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, la represión cultural y política que se
afrontó, la violencia de los Pájaros conservadores y su persecusión
al Partido Liberal, el nacimiento de la radio, la televisión y su vinculación a
la cotidianidad colombiana.
Vistos por separado los dos bloques narrativos permiten dilucidar
las circunstancias no sólo emocionales sino también histórico polìticas del
mundo que les tocó vivir, este dado en su totalidad por Arturo, un personaje
inquieto por el momento político, que asume una militancia en el recién creado
Partido Comunista al cual el narrador lo define así:
“Nunca fue sectario en sus
apreciaciones y de manera conciliatoria conservaba su verdadera militancia en
buena discreción, asumiéndolo, la mayoría, como un librepensador que cumplía con los mandamientos de amar a Dios sobre
todas las cosas, no jurar su santo nombre en vano, santificar las fiestas,
honrar por lo menos a sus hijas ya que nada se sabía de sus padres, no desear a
la mujer de su prójimo, asunto que desilusionó a varias señoras entusiasmadas
con su estilo, mucho menos matar y en fin, nada que pudiera acusarlo de ir
contra las normas cristianas o del establecimiento”.
Arturo después de quedar solo con sus hijas, dedica su vida a
sacarlas adelante, aportándoles todo su vasto conocimiento intelectual,
autodidacta formado en la lectura minuciosa de la Enciclopedia Espasa, libros
de temas políticos de izquierda, poesía, que comparte siempre con sus
hijas. También se puede comentar que
después de dejar el circo, el oficio de ebanista es el que le aporta bienestar,
aunque los distintos traslados dentro del país, como el paso por el Meta, donde
siente que el Partido lo deja solo, le permiten dar a conocer a sus hijas como
cantantes y declamadoras, las cuales dan inicio a la carrera artística que les
impulsa Arturo. Ya en la adolescencia y cuando obtienen una beca en México, Inés
se casa y con su marido se radican en el Tolima y de ahí en adelante su vida
será la de un ama de casa convencional. No así para Sofía que dedicará su vida
al teatro, en una Bogotá que veía “Los intereses creados de Jacinto Benavente, El alcalde de Zalamea
de Pedro Calderón de la Barca, Juan
Tenorio de Zorrilla, dirigidos por Victor Mallarino o las obras de Carlos
Lemus en el teatro Colón con la
actuación de Sofía “quien se vincula con los mejores del momento, como Luis Enrique
Osorio, autor de Sí mi teniente, obra
que critica la dictadura de Rojas Pinilla, será una de la pioneras de la
radio-teatro y fundará una academia para formar jóvenes hasta el final de su
vida.
Verónica se presenta como un ser desarraigado, con tres
madres: de la primera casi no da detalles, de la segunda una gitana que la
educó con su grupo, en la vida de las carpas, echar la suerte, los caballos, y
que seguramente es la que le aporta su personalidad libre, porque la tercera
madre es una señora conservadora que quiere hacer de ella alguien. En su relato
Verónica evocará su buena relación con
Arturo, la cultura que le hizo conocer, la poesía que se consumaba en el
erotismo, y todo el descubrimiento de mujer. Sabemos que decidió irse porque
quería independencia, se encontró con un joven y se fueron del circo. Desde ese
momento la intranquilidad no la abandona. El sentimiento de culpa introyectado,
tiempo después le pasará la cuenta de cobro. Ella vivirá como una mujer de
avanzada para su tiempo. No era bien visto en la Colombia que vivió que una
mujer asistiera a bares y tomara licor sola. Verónica es el prototipo de la
rebelde, de la feminista que rompe con la asfixia de una vida corriente. El
reconocimiento del cuerpo, la posibilidad de gratificar su erotismo sin
censura, para las mujeres colombianas de antes de los años 70 el orgasmo era considerado pecado o
aberración. En algunos momentos su
recuento recuerda algunos textos de Doris Lessing, o la diatriba de Simone de
Beauvoir. Su separación de Arturo es un duelo no resuelto:
…”Tal vez extrañaré las
historias de Arturo. No creo que haya en parte alguna un hombre que mejor las
cuente porque tiene el talento de hacer vivir cada una al que lo escuche.
Parece un sueño hablando y un mago lleno de luces con el poder de la palabra.
Sólo con él es posible vivir las historias de Las mil y una noche….” …”Pienso
que Arturo era una visión masculina de Sherezada pero hubo un momento en que no
logró atraparme…”
El sentimiento de culpa introyectado irá creciendo hasta
atravesarse totalmente en su cotidianidad. Pensar en Arturo y en sus hijas se le
convertirá en una obsesión. Pero para tomar la decisión de cerrar el capítulo ha de esperar hasta el final de su
vida, porque reaparece después de 60 años enferma, agonizante, para instalarse
en la casa de su hija Inés, a la que no conoció, porque la dejó de días.
Las historias están íntimamente ligadas, Arturo tampoco
superó el duelo. Le hizo la transferencia a luchar por sus hijas, por la
lectura, la política, porque aunque tuvo algunos amoríos no se hacen notorios
como sí lo son los de Verónica.
La obra de Carlos Orlando Pardo se confirma con esta novela,
que llena de sorpresas, lo afirma en su oficio de escribir, al que ha dedicado
su vida con grandes virtudes.
Verónica Resucitada
Carlos Orlando Pardo
Pijao Editores, Ibagué 2012
Sonia Nadhezda Truque. Estudios de filología catalana en
Barcelona, España. Es escritora. Ha publicado dos libros de cuentos "La
otra ventana" y "Historias anómalas". En 1993 fue becaria de
Colcultura con una propuesta de investigación "Almacén de los niños.
Historia de la literatura infantil en Colombia" (inédito) y ha publicado
antologías en poesía y en cuento para niños y jóvenes como "País de
Versos. Antología de la Poesía infantil en Colombia", Cuentos Policíacos,
selección Cooperativa Editorial Magisterio. Con Panamericana Editorial trabajó
en el apoyo documental para los Cuadernillos de Poesía de y contribuyó con
algunas selecciones y prólogos de los mismos. Con Editorial Esquilo publicó 5
análisis de ensayo sobre Freud, Erich From y Erasmo de Rotherdam. Colabora con
reseñas de libros en revistas colombianas como Número, Tinta Fresca, Puesto de
Combate, entre otras. De la Colección Viernes de Poesía, Departamento de
Literatura Universidad Naciona, coordinación del profesor Fabio Jurado, es una
muestra de poesía con el título Bordes. Un libro de cuentos, Los perros,
prefieren el sol y un reportaje negro, buscan editor. Incluida en el
Diccionario de Colombia. Editorial Norma, Bogotá 2005
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