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10 de febrero de 2011

La muerte de David Sánchez Juliao



David Sánchez Juliao: palabrero mayor

Por Jorge Eliécer Pardo
Jamás he conocido escritor más lleno de amor y vida que David Sánchez Juliao. Siempre, en estos largos y agitados años de amistad, escucharlo al calor de un café relatar historias escritas y por escribir, deleitaba a contertulios y espontáneos que se acercaban. Tampoco he conocido autor de mi generación que llene tanto una sala de conferencia y que su exposición, matizada con referencias intelectuales y populares, no sacara admiración; la gente quería que siguiera hablando, sin papeles ni ayudas audiovisuales. Un verdadero palabrero. Uno de esos escritores colombianos —escasos ya— que no se expresaba en malos términos de nadie; siempre ponderando lo bueno de los demás, en especial de los que lo acompañaban en la literatura.


Carlos Orlando Pardo, Jorge Eliécer Pardo y David Sánchez Juliao en los años 70s
Escuché, en la época de los primeros libros de David, a esos acartonados sociólogos —bautizados por entonces como científicos sociales— que Sánchez Juliao pretendía apropiarse del discurso popular que no beneficiaba ni a la sociología ni a la literatura. Bastó el paso del tiempo para entender que David daba comienzo en Colombia a una nueva lectura donde sus textos vivos y llenos de tejido social y poético, conformaban la idiosincrasia de diferentes zonas del país, sobre todo la de la Costa Caribe. Primero lo tomaron con humor (El Pachanga, El Flechas) y después se dieron cuenta de que su discurso narrativo y estético no sólo estaba impregnado del lenguaje propio de sus protagonistas sino que allí navegaba una juiciosa investigación que leía e interpretaba la sociedad, más allá de los marmóreos estudios o informes de científicos sociales. Y David esperó, no necesitaba más. Insistió en su forma expresiva y en sus contenidos vernáculo. Muchos, como Orlando Fals Borda y la antropóloga Nina de Freidemann comentaron la importancia de esos textos en la cultura colombiana. Allí está la esencia viva de nuestras comunidades, me dijo alguna vez Nina.


Silvia Aponte, Magil, David Sánchez Juliao, Jorge Eliécer Pardo y Fabio Martínez, 2009

Se nos fue David y su parsimonia para relatar viajes y anécdotas, amores y despedidas. En la radio, entrada la mañana cuando supe la noticia, oí un viejo reportaje donde narraba cómo se formaban las identidades. La trascribo de memoria: un negrito que se mira al espejo de frente y se dice: soy chévere. Se mira el perfil izquierdo y se dice: soy chévere. Se mira el perfil derecho y se dice: soy chévere. Un blanco, que está cerca le reprocha: usted no es más que un negro hijueputa. El negro no lo mira, sólo se dice: pero chévere.


Buen viaje David
David Sánchez Juliao sigue siendo el rey

Por Carlos Orlando Pardo
Alguna vez, David Sánchez Juliao dijo que escribía para que la muerte no tuviera la última palabra. Y así será, en su caso, porque toda su obra está impregnada de sabiduría popular, la que supo beber en cada viaje por pueblos de la costa en su continuo ir y venir de trashumante irredimible. Me parece verlo mostrar su incomparable sentido de pertenencia con el orgullo de todo un campeón que levanta un trofeo. Y de reclamar, inclusive, su origen tolimense, porque fue precisamente su abuelo, el gallo Sánchez, nacido en Venadillo, quien diera lugar al comienzo de su origen, muchos años atrás, cuando llegó al Ministerio de Educación a pedir su traslado como educador y allí se vería de frente por primera vez con la señora Margoth Cárdenas que se hallaba en las mismas. Al no existir sino la plaza para un matrimonio tras haber pasado semanas a la espera de una respuesta, se encontrarían los dos y para siempre como una bonita jugada del destino.



Ahora que se ha marchado de un momento a otro traicionado por su corazón y despertando no risas sino lágrimas en un país que realmente lo quería, vemos que todos los presupuestos tenían descartada su partida porque si algo hizo fue vibrar con la vida y convertirse, gracias al esfuerzo de su palabra oral y escrita, en un símbolo vital de la alegría, el permanente buen humor y en el traductor del mundo de la cultura del caribe arrancado de las raíces populares.

David con Rubén Blades


Este palabrero entrañable cuya amistad me honró por cuatro décadas, dijo adiós de la manera más inesperada para sacudir nuestro dolor cuando estábamos preparados para recibirlo otra vez en Ibagué con los brazos abiertos. Sólo unas semanas atrás estuvo en Ibagué deleitando con su gracia incomparable, abrazando a sus primos, como llamaba a Benhur y Héctor Sánchez, haciendo las venias y los reconocimientos respetuosos y de admiración al gran Rodrigo Silva, recorriendo el museo de arte bajo el clima grato del barrio Belén mientras se conocía más de cerca con Darío Ortiz, autor de la carátula de su última novela publicada por Pijao Editores y compartiendo agradado el lanzamiento del nuevo libro de Alberto Santofimio.
Desde la pizzería de la plaza de Bolívar o una mesa grande en el Círculo lanzaba sus historias y antes de despedirnos, sin imaginar que era para siempre, entregó uno de sus libros para niños a mi hija menor con la dedicatoria de su tío David porque se consideraba sin dudar mi hermano como yo mismo lo sentía. Salvo el periplo que lo llevaría de embajador a Egipto o la India y su tiempo de profesor invitado a las universidades norteamericanas o de México donde apenas llegamos a escribirnos, estuvimos ahí, a su lado, a partir de las ya lejanas tardes cuando nos presentó el periodista Enrique Córdoba, estrella hoy de la radio en Miami y oriundo de su amada Lorica. Conocí entonces de primera mano su primer libro aún sin empastar ¿Por qué me llevas al hospital en canoa, papá?, firmado en julio de 1974. No dudé en escribir entusiasmado una larga nota cuando las hacía como comentarista en Radio Nacional, adonde le presenté a su director, el inmortal Germán Vargas Cantillo con quien haría una hermosa amistad. De entonces a hoy lo vimos convertirse en una figura emblemática de la literatura colombiana, en el fundador mundial de los libros casete o libros audio con El Flecha y El Pachanga, en el autor de novelas premiadas que fueron llevadas con éxito rotundo a la televisión como Pero sigo siendo el rey con 17 estatuillas de la India Catalina, Gallito Ramírez o Cachaco, palomo y gato, en el conferencista que se rapaban a lo largo del país y en ese viajero por más de setenta países de cuya experiencia como agudo observador y mordaz crítico publicó algunos libros con su sabia y humana visión.

Carlos Vives y Margarita Rosa de Francisco


Su trilogía musical novelística que completara con Danza de redención basado en melodías andinas y dejando los ritmos tropicales como protagonistas en Mi sangre aunque plebeya, dejaban su obsesión por un tema que habitó buena parte de sus horas y que aprendió a matizar desde tiempos tempranos como locutor. Ahí están palpitantes sus fábulas en El arca de Noé y sus Historias de Raca Mandaca, por ejemplo, que fueron dándole la consistencia de un escritor disciplinado y talentoso, para explicarnos en Por qué somos así su capacidad para la sociología y el arte de comunicar.



Antonio Mora Vélez, Carlos Orlando Pardo y David Sánchez Juliao, 2009

No sólo su empleada wayú que llevaba con él quince años y Katy, su última esposa a lo largo de dos cuatrenios quien administraba con amor su agenda, sino además todos sus innumerables amigos desde expresidentes y políticos hasta colegas en la escritura y gente humilde, hemos sentido su ausencia con un dolor que lastima como si la luz se oscureciera.
Antes de partir le dejó a mi hermano Pablo para Caza de libros su primer libro de poemas y a mi el volumen de cuentos Los premios para que fuera parte de la nueva colección de Pijao, adonde apareció su última novela reeditada Aquí yace Julián Patrón.


No habrá sino recuerdos grabados en el mármol y de pronto su mirada perdida en Ambalema cuando Mapy Gutiérrez lo invitó para que recogiera historias sobre El Mohan. Seguro que como dijo su hija Paloma, se fue directo para el cielo a hacer reír a todos en su reino.
Ibagué, febrero 11 de 2011



Antonio Mora Vélez, David Sánchez J, Jorge E Pardo, Carlos Perozzo y Magil, 2009



Los primos Sanchez: Héctor, David y Benhur

Jairo Polanco, Fabio Morales, Carlos O Pardo, Héctor Sánchez, David Sánchez J, Benhur Sánchez y Pablo Pardo, 2010





Antonio Mora V., David y Jorge E Pardo 2009


JORGE E PARDO dijo...

Nos interesan mucho sus comentarios.

Doris dijo...

SANCHEZ JULIAO

HOY , NACIO EN LA INMORTALIDAD

SOBRAN LAS PALABRAS

QUE SU OBRA ETERNA TOME LA PALABRA

Doris Ospina

lina dijo...

Queridos Pardos:
Qué certero homenaje hacen ustedes a David, palabrista incansable. Exagerda la zalamería ante la muerte de Helenita VArgas. Lleva una semana muriendo cada día y la capilla ardiente es desfazada. David seguirá respirando en sus libros, sin tanto bombo. La muerte de un escritor es como si de golpe nos silenciaran un ruiseñor.
Abrazos a los Pardos.
Lina MAría Pérez GAviria

JORGE E PARDO dijo...

Me escribe la diseñadora gráfica, Zorayda cadavid Consuegra:
He leido la nota tuya y de tu hermano sobre David Sánches Juliao y me encantó,
muy bella y humana.
Bonito y sentido homenaje.

JAIME RUIZ dijo...

Jorge y Carlos Orlando,
muy buena la nota, un reconocimiento a la trayectoria del maestro Sanchez Juliao y a la amistad entre ustedes, un abrazo,
Jaime

JORGE E PARDO dijo...

Nos escribe el novelista Gustavo Álvarez Gardeazábal:
"Quienes hicimos el camino hombro a hombro con el irresistible vanidoso de DSJ,  desde las épocas de Plaza y Janés y Virgilio Cuesta, y sabiamos de su verdadero talante oculto tras sus ropajes de pashá  vanidoso pero empobrecido,vibramos con sus notas de recuerdo
abrazo
 
gardeazabal"

Carlos Orlando Pardo dijo...

De Katherine Garzón Bedoya llegó una nota aclaratoria alrededor de la nota sobre David donde se le menciona.
Estimado Señor Don Carlos Orlando Pardo y Don Jorge Eliecer Pardo, si bien me considero muy honrada al ser considerada la esposa del Maestro David Sánchez Juliao, yo solo era una amiga muy cercana, su mano derecha y eso si su confidente y albacea de su obra, como dirían por allí su ángel de la guarda, pero yo no era ni su esposa ni su compañera sentimental.

Razón por la cuál agradezco pueda hacer Ud. la aclaratoria pertinente o simplemente omitir tal fragmento de la publicación.

Gracias,

Katherine Garzón Bedoya

JORGE E PARDO dijo...

Nos escriben:
Cesáreo Gálvez Perdomo: Indudablemente no podian faltar la palabras de Carlos Orlando y Jorge Eliecer Pardo, para uno de los grandes colombianos de las letras y el folclor como lo fue David Sánchez Juliao, amigo entrañable de la Casa Piajao y de los afectos, que nos deja un profundo vacío, reconfortado por sus deseos de continuar por la senda de las propuestas que implican pensamiento y libertad.

Andrea Amorocho dijo...

Y ayer Carlos Perozzo también se nos fue, seguramente a una exquisita tertulia!
(Quisiera saber porque no puedo compartir sus notas?)

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