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28 de marzo de 2010

* Jorge Eliécer Pardo: Poeta Luis Alejandro Imaz

Los Orantes de Luis Alejandro Imaz

El primer libro de un poeta joven nos sumerge en la angustia de la falta de un mundo propio, de un lenguaje particular. En Los Orantes, de Luis Alejandro Imaz, se vislumbra la presencia de un universo que va desde la infancia y los recuerdos hasta los golpes en el comienzo de la madurez frente a los temas universales, el amor, la muerte, el sexo, la desventura del planeta globalizado. Es este el magma que recrea el poeta en sus versos cargados de ironía, desarticulación y desperdicio, deliberadamente irresoluto. El lenguaje, su mayor virtud, pasa por el sarcasmo, el desenfado, sin temor a lo coloquial y menos a lo pueril. Desencanto de un país de malhechores y, además, de poetas y cantores. Boxea con cada poema sabiendo que saldrá noqueado y regurgitado en el acoso de vivir. Por eso se la juega con lo coloquial, el ritmo sin ritmo, la rima sin rima, la cadencia dislocada en la irreverencia. Hombres, mujeres, bisexuales y sin identidad, tratan de recomponer sus existencias escindidas. Excluido del amor, de la sociedad, el poema nombra en el abismo. Es el infierno que se recobra donde el creador sigue acosado por el bajo mundo de lo inasible, de lo irreversible. Lenguajes, culturas, geografías, lenguas, cuerpos vacíos, prisma que el poeta busca reflejar con la palabra que evoca la contracultura. Paraísos perdidos bajo la inconciencia de lo primigenio. Ruptura de los límites sin temor a los preceptos de los inefables libros de poemas que aparecen y desaparecen. No intenta el escándalo pero lo irrisorio del mundo se halla en el discurso dislocado y atónito. Mundo marginal de más adentro de la piel. La mujer, el hombre, Dios, el patrón, el paisaje, el ritmo, conforman un escenario donde se impone el verso independiente contra el poema total. Y en medio del caos, la solidaridad con la palabra, con un mundo secreto donde sólo el poeta puede entrar y el lector se asoma. Hay aquí, en este libro, poemas inolvidables en medio del caos de tiempo, música y viajes. Como las improvisaciones de Jimy Hendrix, la palabra va por el aire en busca de nadie pero nos toca, lacera, avasalla. Basta en poema para afirmar que existe el poeta.

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