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15 de febrero de 2010

Jorge Eliécer Pardo: Fernando Devis y el infinito horizonte de los inmortales




Fernando Devis y el infinito horizonte de los inmortales
Jorge Eliécer Pardo

Tenía Fernando Devis ese doble carácter de los artistas de la imagen, la sensibilidad poética y la riqueza pictórica. Bastaba con ver sus dibujos y pinturas para saber que nos hallábamos frente a un ser que tenía un profundo respecto por su trabajo como artista. Fue tanto el amor por los grandes pintores de todos los tiempos, que los recreo, los iluminó con su pincel y les dio la proyección del siglo XXI.
Nacido en Honda, Tolima, Fernando Devis ha sido un trashumante, enamorado del paisaje y de los viajes. Residente en España durante diez y seis años, ingeniero de profesión pero artista de oficio y vida.
Asiste al Taller de David Manzur e inicia una etapa en la cual el hombre contemporáneo está presente en el transpuesto plano donde ha sido llevado por la sociedad de consumo. Sus cuadros poseen el equilibrio, la simetría y formas perfectas a la manera de los griegos, del arte clásico, del renacimiento. A la mezcla de estos elementos se suma su reflexión sobre la hecatombe del hombre contemporáneo, cosificado, mediado por normas y leyes. Unas veces profundamente realista, Devis engaña al espectador para engañar, de la misma forma, la realidad que critica.
A pesar de ser el hombre la medida de todas las cosas, actualmente las cosas son la medida del hombre, me confesó en una de nuestras largas conversaciones sobre el sentido del artista en un mundo caotizado. Y además, como una premonición me dijo muy despacio que la muerte es una mentira, que el artista siempre tiene una escondida esperanza de la permanencia, de que su obra pase el examen del tiempo, yo albergo, sin rubores, esa esperanza. Estas palabras dichas diez años antes de su muerte, tienen el vuelo de ese momento, hoy siguen con la misma validez, diez y ocho de su eterna permanencia en la historia del arte nacional.
Además de recrear a los grandes pintores y hacer de sus obras verdaderos homenajes, Fernando Devis también dibujo sus entornos de infancia, los mitos y leyendas, las tradiciones y los cuentos populares que poblaron su niñez y que surgieron luego de múltiples investigaciones, junto con Clara, su esposa y cómplice.
En Los mitos del río Magdalena se ve de inmediato su amor por la tierra, la naturaleza y la magia que ella envuelve en las caudales del río. Allí surge el Mohan buscando su identidad, la Candileja y el conflicto familiar, La Ninfa Maléfica del Monte y el enigmático duende del paisaje, las voces de los abuelos, la secreta sabiduría de los niños.. De allí sus bellas ilustraciones e historias que componen su libro Un trompo, un Mohán, un amanecer, de Amazona Editores con prólogo de Helena Iriarte. En esta cuidadosa publicación Fernando muestra su sensiblidad poética en esas evocaciones de infancia que van llenando las páginas matizadas con sus dibujos. Recuerdo que cuando fabulaba sus aguadas la enfermedad diesmaba su cuerpo pero siempre conservó la altivez del artista que sabe que no va a morir.
Sus cuadros, expuestos en Hamburgo, Bruselas, Miami, Nueva York, Londres, Panamá y el Museo de Arte moderno de Bogotá, entre otros tantos lugares, confirman su anhelado sueño sobre la farsa de la muerte cuando se es un artista de verdad.
Fernando Devis tenía mucho de Mohán entre sus venas por eso ahora parece inmortal, más aún parece mirarnos desde los colores de sus cuadros, desde el infinito silencio de sus óleos. Nos mira porque sabe que no ha muerto, que cada vez que alguien se maravilla con su obra un nuevo pedazo de siglo se ilumina en el infinito horizonte de los inmortales.
Junio de 1998
Jorge Eliécer Pardo
jorgeeliecerpardoescritor@gmail.com

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