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11 de diciembre de 2012

Lecturas compartidas. María del Rosario Laverde



Poeta de lo sórdido
Por Jorge Eliécer Pardo
María del Rosario Laverde. Foto de JEP, 2012
Caza de Libros publicó la segunda edición de mi novela Seis hombres una mujer que hiciera Grijalbo Mondadori en 1992. Le pedí a un amigo una foto que representara la secreta vida de una mujer de los ochenta, independiente y erótica. Me mandó varias pero escogí una, que mira tras la persiana, con pulseras y manos largas. No tenía el rostro visible pero sus ademanes le daban vida y secreta intimidad. Los primeros comentarios de los editores y lectores fue imaginar la modelo, pero nadie sabía de quién se trataba y la discreción del fotógrafo no permitía el tema.

Mi libro apareció en la Feria del Libro de 2012. Sentado en uno de los cafés se me acercó una mujer alta, espigada y amorosa para contarme que era la modelo de mi portada y que alguna vez hablamos en sus tiempos en Ibagué. (Tiene un hermoso e inteligente hijo con un tolimense). Era la poeta María del Rosario Laverde. Me dijo que le dolía el alma y creía y creo que era verdad. Creo que aún le duele. Miré sus dedos, su pelo y si, era la de mi portada, la de Seis hombres una mujer. Quizá su historia no tocaba los bordes de la mía pero algo tenía que ver.

Fue así como iniciamos una amistad y cientos de complicidades. Me entregó Condición de forastera, de la colección viernes de poesía de la Universidad Nacional de Colombia, el número 77, publicado en el 2010. Incluida en la lista de notables poetas como Piedad Bonnett, Antonio Correa, Harold Alvarado, Luz Mary Giraldo, Eugenia Sánchez, Juan Manuel Roca, Noé Jitrik, Henry Luque, Jota Mario Arbeláez, Fernando Linero… la lista continúa.

Condición de forastera está dividida en cinco partes, tres con nombre de ciudades (Bogotá, Ibagué y Nueva York) y dos que anuncian selecciones: Del libro Hoja debida y del Libro Las máscaras son necesarias.

Lo que más me interesa de esta poeta es su visión de mundo, a veces irredento y siempre complejo. Desenfadada y sin artificios. He dicho que la poesía colombiana está llena de artificios, de versificadores que en nada aportan a esa función elemental de la poesía: llegar al alma humana, entiéndase alma como el arrobamiento que produce la estética en cualquiera de sus manifestaciones. Hace reflexionar desde la desfachatez que conlleva el diario respirar.
algunos días siento deseos de vivir/pero me las aguanto.
Poesía urbana, de ciudades grandes y medianas, de tristezas contenidas y desbordadas.
a veces me pregunto si vale la pena habitarte.
Abandonar la ciudad es como dejar los amores, aquellos que nos dejaron huella y cicatrices…
seremos felices ella y yo/cada una por su lado.

La voz de María del Rosario Laverde es auténtica, por eso habla en femenino, no por ser poesía feminista sino porque es la voz de ella, no escondida en el neutro de tantas poetas colombianas.

Condición de forastera son versos sin pretensiones, como debe ser la poesía verdadera, la literatura sincera, casi personal. Es en su segundo libro, publicado en la Colección Lengua de Camaleón de México en junio de 2012, de la Universidad de Sonora, Mujer transparente, donde veo una poeta de dimensiones poco frecuentes. 
Su voz poética-narrativa nos asusta en el buen sentido de la palabra. Nos detiene, nos resbala, nos lacera, nos divierte con sarcasmo. Lo leí poco a poco, unas veces en mi balcón, otras en el baño, otras en el café Valdés, otras en mi cama y, siempre, me dejó en silencio. Es un libro corto para tantos lugares. Pero no hay libros cortos, hay libros interesantes que merecen varias lecturas, más aún cuando son de personas que conocemos y que uno mira después para saber si su palabra sigue siendo veraz, sin artilugios.

¿Usted se ha puesto una máscara? Yo sí. María del Rosario también.

La máscara que me he puesto hoy
no me queda
aunque el vendedor aseguró que era de mi talla
no me siento a gusto con esta sonrisa
y mis ojos se ven demasiado verdaderos
me temo que compré un producto defectuoso
o en el peor de los casos –usado-
seguro perteneció a alguien
acostumbrado a las máscaras por vanidad
y no por necesidad como yo
que me veo obligada a esconder
el rostro de mi frustración
esperando descubrir algún día
en el espejo
uno que sí pueda mostrar
antes del momento final…

Fue tanto mi entusiasmo que la noche del festejo a mi Pianista que llegó de Hamburgo, en la sala de mi apartamento, le pedí que leyera unos textos a mis amigos, entre ellos, Sebastián Ospina, Ángela Vargas, actores y varios periodistas, pintores y músicos. 
Maria del Rosario Laverde y Jorge Eliécer Pardo, 2012
Causó la misma sensación. Ospina se atrevió a decir que le recordaba al buen Bukowski y otros pidieron otro poema-relato hasta cuando nos quedamos en silencio porque no quisimos ahondar en la vida de ella que era como meter el dedo en la herida de la vida de todos. Valiente y sin ambages nos hace saber que las intimidades son siempre ese lugar que nos permite la poesía cuando solitarios nos damos a nuestras perversiones y laceraciones.

María del Rosario con el actor Sebastián Ospina, 2012. Foto JEP
Estos algunos de los poemas y poemas-relatos de María del Rosario Laverde, a quien auguro el mejor de los futuros.

Hogar dulce hogar

Los hogares se parecen a su dueño como los perros,
al mío le hace falta el silencio de tu presencia y
le sobra el silencio de la avenida que está en frente
carece de un sofá donde acomodar a los invitados
que por cierto jamás vienen
las cortinas apenas oscurecen levemente la noche
y los relámpagos de los carros apurados enceguecen mi insomnio
los platos de la cocina esperan que me compadezca de ellos algún día
los libros, aunque  son muchos siempre termino leyendo los mismos
no sé cómo volver a hacer habitable este lugar en el que ya no estás
y en el que ya tampoco estoy
opto por dormir en otra casa una temporada a ver si extraño mi sitio
y vuelvo a pertenecer.

Ideación suicida

No es la primera vez que contemplo el suicidio, pero de pensar en el escándalo bochornoso que haría mi madre en mi entierro, siento vergüenza y no soy capaz de hacer pasar a los asistentes  por la incómoda situación de oír cómo la vida de ella es tan desgraciada que hasta yo se la desgracio muriéndome. No me ha quedado más alternativa que seguir viviendo solo por la maldita culpa que me produce la posibilidad de  morirme cuando yo quiera. Hace unos años, cuando le dijeron  que su cáncer estaba tan avanzado que solo viviría unos meses, yo celebré en mi interior porque al fin  podría morirme en paz, pero no, no pude, a ella le dio por recuperarse y mantenerme con vida.  A veces  de manera descuidada dejo la ventana de su habitación abierta durante la noche, esperando que pesque una neumonía pero no ha funcionado, si sufre un leve dolor de cabeza espero que sea un derrame pero se alivia pronto, he querido empujarla accidentalmente por las escaleras pero no he tenido valor, creo que su salud y su suerte acabarán conmigo antes que yo.

Jirafa

A veces me despierto convertida en una jirafa. Me muevo como una jirafa, pienso como una jirafa y  hablo el lenguaje de las jirafas. Solo un hombre me reconoce como una jirafa, solo él admira mi largo cuello y comprende mis sentimientos de jirafa. Hace tiempo no lo hace, por eso, hace tiempo no me siento  jirafa y eso me entristece. Quisiera ser  a toda hora  una jirafa  para no padecer tantos cambios de piel.

Carta abierta a mi abuela

Hiciste todo lo posible para que mis hermanos y yo no padeciéramos la ausencia de mi papá. El primer televisor a color del barrio, la bicicleta más moderna marcada con una placa con mi nombre en la parte de atrás, recuerdo que era amarilla, un afiche de John Travolta que ocupaba toda mi puerta, uno de Rick Springfield para la pared, paseos, dulces de mora, gomas de dulce, películas, libros, risas, todo. No te faltó nada por hacer para que nos sintiéramos mejor con la vida a pesar de habernos quedado huérfanos tan temprano. Incluso me acompañaste en la clínica mientras esperaba la casi segura muerte de mi hijo. Me llevaste un rosario para que rezáramos juntas, seguro ya no lo recuerdas. Como tantas cosas que has olvidado y nosotros no.
Dormir en tu casa era una fiesta y tener el privilegio de dormir a tu lado en el espacio vacío dejado por el abuelo lo era más, lugar peleado entre todos los nietos y ganado tantas veces por cada uno. Te recuerdo entre las cobijas con tus lentes puestos leyendo el periódico El Tiempo, desde la primera línea hasta la última, para después de terminar esta tarea, empezar el día con el mismo entusiasmo de siempre.
Nunca te vimos de mal genio, ni triste, incluso cuando papá murió pensaste primero en nosotros , sus hijos, que en ti, su mamá.
Cuando era niña y aún creía en el alivio de los rezos le pedía a Dios que yo estuviera en el lugar más apartado del planeta el día que alguna de mis abuelas faltara, cuando murió mi otra abuela mi rezo fue escuchado y no estuve cerca para ver su agonía. Ahora que soy adulta y estoy cerca de tu vejez recuerdo ese rezo y quisiera encontrar una razón, que no tengo, para estar lejos de aquí y quedarme con el recuerdo de la que fuiste, no de la que se está yendo.
Hace unos años te escribí un poema donde lamentaba lo ausente que estabas como consecuencia de tu vejez y cómo ya habías dejado de reconocernos, ha pasado mucho tiempo desde ese poema y todavía sigues aquí. La familia se ha ido desmoronando por muertes, viajes o discrepancias que todos lamentamos. Tienes que saber que hiciste una gran tarea, tienes diez nietos, doce bisnietos, enterraste a dos de tus hijos y quienes quedamos cerca al igual que los que ya no están te amamos y quisiéramos seguir cobijados por tu amor para siempre pero la vida no es así. Nadie vive eternamente y tú debes irte ya a descansar. Abuela, si quieres irte, vete ya, podemos sin ti, tenemos que poder, tengo que poder. Por mi parte, no quiero ver más esa mirada inexpresiva que ya no me habla, no quiero tus quejidos, no quiero quedarme sin lo único que me queda de mi papá, pero quiero tu descanso por encima de mi necesidad.

María del Rosario Laverde, nació en Bogotá. Estudió literatura en la Universidad Nacional. Perteneció al taller de escritores de la Universidad Central. Dirigió la biblioteca del Centro de Emergencia Sicosocial del Hospital del Sur; institución encargada de acoger niños en estado de vulnerabilidad. Realizó talleres de escritura con los niños y algunos funcionarios del hospital. Actualmente corrige la edición impresa de la revista Semana y  ocasionalmente hace colaboraciones para semana.com y el semanario Identidad
en Tijuana.

Libros y antologías:

Mujer Transparente, Selección de cuentos cortos, Universidad de Sonora, México 2012
Las voces de las mariposas, Antología de Poesía, México 2011
Paisajes Interiores, Antología de Poesía, México 2010
Condición de Forastera, Poesía, Universidad Nacional, Colombia 2010
Soledad Rengifo, Antología de Poesía, Secretaría de Cultura, Ibagué 2010
Diversas publicaciones en revistas y periódicos de Colombia, Venezuela, Perú y México. 
Invitada en:
Encuentro de Poesía “Mujeres en el país de las nubes” Oaxaca 2010 y 2011
Feria del Libro de Tijuana, Junio  2012
Taller Roma, Ensenada, Junio 2012
Horas de Junio, Sonora ,  Junio  2012
México


Annelisse dijo...

Me siento muy orgullosa de todo estos logros de mi prima. LMR

Maria del Rosario Laverde dijo...

Hace tiempo nos topamos más de una vez, tú lo olvidaste, yo no, este año cuando todos los vacíos se juntaron y no hubo forma de llenarlos, apareciste de nuevo, esta vez para ser mi lector y mi parcero, este texto no solo da cuenta de una lectura generosa sino de una lectura hecha a profundidad.

David dijo...

Siempre he disfrutado mucho de la literatura. Me encanta conocer a nuevos autores y poder leerlos. Disfruto quedarme en los apartamentos en rosario y leyendo distintas novelas

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