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11 de mayo de 2010

Carlos Orlando Pardo: El periodista Jorge Eliécer Barbosa, su muerte




El adiós de Jorge Eliécer Barbosa

Por Carlos Orlando Pardo


El viaje final que acaba de emprender Jorge Eliécer Barbosa Ospina, uno de los más grandes en la historia del periodismo regional, no deja sólo el amargo sabor de su ausencia sino la grata enseñanza de su ejemplo. Con su partida, se priva al Tolima de su voz y sus luces, su palabra luminosa y oportuna, su evocación afortunada, su ejemplo de estudioso en jornada continua como devorador de libros y la encarnación paradigmática de una ética profesional que para hoy surge apenas como un recuerdo. En medio de este dolor que nos disminuye, surge la figura del amigo entrañable, el compañero de viajes por Cuba, México o Europa, el de la conversación matizada de anécdotas agudas y no exentas de humor ni de nostalgia. Mantuvo a lo largo de sus 68 años, salvo el último de sus dolencias, la actitud juvenil de quien nunca envejece. Su condición inmejorable de periodista y locutor, de reportero y creador del famoso programa radial Calixto Comenta que mantuvo al aire por un cuarto de siglo, su tarea como jefe de redacción del diario El Cronista donde formó a toda una generación de comunicadores, su corresponsalía por décadas del diario El Tiempo, su condición de director de noticieros, de comentarista deportivo, su paso por buena parte de las emisoras de la ciudad desde edad temprana, su presencia como presidente del Círculo de Periodistas de Ibagué, del Círculo de Periodistas deportivos, del Sindicato de Trabajadores de la Radio, por ejemplo, fueron testigos de una tarea solidaria que deja huella y testimonio de un oficio que empieza a los quince años, luego de su nacimiento en Cajamarca el 26 de septiembre de 1941. No en vano su pecho cargó con orgullo el Premio Tolimense de Periodismo en 1979, el premio al Mérito Periodístico de la Asamblea del Tolima, la mención de honor en los Juegos Nacionales de Pereira, el Primer Premio en Cali como narrador y comentarista de la cabalgata deportiva Gillette o el Premio Sindical de Festratol, pero ante todo, el afecto profundo de incontables amigos entre contertulios de café, músicos, compositores, intelectuales y periodistas. Fue testigo excepcional del acaecer de la ciudad y bajo su mirada atenta, con intuición de lince que parecía atravesar paredes para entender el por qué de las cosas, la ciudad fue leída más de veinte mil y una noche por su entendimiento perspicaz. Y fue muy escuchado en el departamento, desde los más encopetados a los más humildes, quienes se acostumbraron a su voz para tomarlo como parte del inventario vital de su diario vivir. Jorge Eliécer Barbosa creció con el poblado de sus devociones y la vio levantarse entre la quietud apacible de sus silencios a los ruidos ensordecedores de esta pequeña torre de Babel. Fue a él a quien usualmente se rindió homenaje de gratitud por haberse convertido en un ejemplo para el periodismo, en un ciudadano paradigmático por el amor a su tierra, en un amigo incomparable por la lealtad a sus compañeros, en una encarnación de la independencia crítica sin arriar jamás la bandera de su autonomía. El amante de la música y de nuestras tradiciones, el apasionado del lenguaje para volverlo transparente y eficaz, el lector impenitente que terminó siendo el único intelectual del periodismo en el Tolima, el hijo ejemplar que tantas y buenas madres hubiesen querido para ellas, el abuelo entregado que se divertía con sus nietos, el memorioso memorable que hizo estremecer a quienes lo escuchaban transmitiendo sus partidos de fútbol o hizo reflexionar con sus noticias, crónicas y columnas a los lectores de periódicos, el imitador inigualable de personajes que aún viven gracias a sus evocaciones divertidas, el dedo acusador que no tuvo pelos en la lengua, el crítico implacable ante quienes temblaron los figurones de varias épocas, el viajero de otros tiempos, el hermano para tantas horas, estuvo ahí, como el retrato de Dorian Grey que nunca envejecía como gusta decirlo a Germán Santamaría. Y nos encontramos entonces con el periodista único que encarnó la integralidad, tal como lo refiere en ocasiones Silverio Gómez y quien logró despertar por sus actos nuestra admiración, nuestro respeto, nuestro cariño y nuestra devoción en jornada continua.

Jorge Eliécer Barbosa y Carlos Orlando y Jorge Eliécer Pardo en Madrid, España, 1980

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